Vivencias de un balcarceño en el «frente de batalla» español 

Vivencias de un balcarceño en  el «frente de batalla» español 

Sergio Cazabat vive en el País Vasco, particularmente en la comunidad de Vizcaya, cuya capital es Bilbao. En las afueras de dicha ciudad habita en un pequeño pueblo de unos mil habitantes, denominado Gamiz Fika. Trabaja a media hora de su domicilio, en Gatika, prestando servicios en la empresa Grupo Lekuona, desempeñándose como auxiliar de enfermería en la Residencia para Personas de la Tercera Edad “Santa María”, tras haber culminado una capacitación dictada por el Gobierno Vasco.

“El lugar consta de 27 usuarios que viven allí, está dividido en tres plantas y nosotros los ayudamos a cada uno de ellos a desarrollar su vida, intentando que lo hagan de la manera más independiente que puedan”, contó a modo de introducción.

CAMBIOS NOTORIOS

A fines de noviembre la incidencia de la pandemia se había reducido en territorio español, pero en diciembre comenzaron a registrarse unos 9.000 casos por día, según cifras del Ministerio de Salud.

“Para nosotros en principio ha sido un caos, porque ha entrado el Covid y golpeó muy fuerte a muchas comunidades del estado español. En particular el País Vasco y Cataluña han tenido muchos efectos graves, con el tema de contagios y de fallecimientos. Aquí hemos tenido una cuarentena muy extensa, casi desde el verano. Y nos ha cambiado la forma de vida, el ir a bares y tener reuniones en piscinas y playas, ese sistema de vida lo ha cambiado. Tuvimos muchas cuarentenas donde no pudimos salir de casa, estuvimos encerrados, escuchamos muchos casos, el Covid nos ha cambiado mucho la conducta del día a día”, comentó Cazabat.

Para conocer en detalle, en lo que fue el período desde julio hasta fin de año las cifras realmente son impresionantes, los contagiados que hubo en ese lapso sobrepasan los 100.000. “Son aproximadamente unas 62.700 mujeres y unos 54.300 hombres. Hemos tenido casi 3.040 fallecidos y negativos en Covid unos 25.900, con 11.919 altas hospitalarias. Es de imaginar el colapso que han tenido los hospitales aquí en el País Vasco, hubo que abrir lugares para atender a personas de la tercera edad, debió reorganizarse todo el trabajo y ha sido muy estresante para toda el área de las personas que trabajamos en residencias y hospitales. Es fácil de decirlo pero difícil de contarlo”.

CUESTIÓN DE EDADES

Continuando con la cuestión estadística, el balcarceño dio a conocer que la mayor cantidad de muertes por edades fue entre los 70 y 90 años.

“Entre los 70 y 80 años pueden haber muerto unos 1.300 y la misma cantidad entre 80 y 90, más unos 900 calculan de 90 años en adelante. Hubo mucha infección en esas áreas, como también en edades entre los 20 y los 50 años. Podemos hablar de personas de 20 que hubo unos 1.500 casos de Covid y de 40 años unos 14.00 ó 15.000. O sea que desde los 20 a los 50 ó 60 y de ahí para arriba, muchos casos confirmados”, relató.

A finales de 2020, para las fiestas navideñas y de fin de año, se registró un rebrote. A su entender, lo adjudicó a que hubo un poco más de movimiento, la gente salió de compras, intentó mover en las vacaciones y ello llevó a tener nuevos casos de Covid confirmados. “Hablamos de unos 370 casos que dan un promedio aproximado de 6,8 personas al día que han dado positivo. Se realizaron alrededor de 5.400 test y los hospitales siguen saturados y se sigue trabajando muy fuerte con todo este tema”.

PLAN DE VACUNACIÓN

Hace unas semanas empezó el Plan de Vacunación español, con todas las personas que trabajan en el área de la sanidad, algo muy similar a lo que ocurre en Argentina y seguramente en distintos países del mundo.

La vacuna que se está aplicando allí en el País Vasco es la Pfizer, perteneciente a Biotech. En su caso particular ya la recibió. “Se hablaba de algunos efectos secundarios que te podía dar, como por ejemplo dolor de cuerpo, escalofríos, cansancio y dolor de cabeza. En lo personal me dolió un poco la cabeza y el brazo, pero no tuve hinchazón ni enrojecimiento”, mencionó.

Hizo saber también que mucha gente tenía dudas de ponerse la vacuna, especulando si es o no conveniente. “Creo que un 50% de la población tenía dudas. Y uno también tiene la duda de cualquier persona, si me puede ir bien o me puede ir mal, pero en mi experiencia personal y trabajando en al área de sanidad, si va a reflejar una bajante en lo que es infecciones y poder terminar con esta pandemia, no tuve ninguna duda en que me pusieran la vacuna. Y en 21 días tengo que volver a ponerme la segunda dosis. Yo creo en la ciencia, en que se puede mejorar y que tenemos que estar en manos de ella, nos guste o no. Debemos creer en estas cosas para que la pandemia pueda pasar y empecemos a tener una vida normal”, añadió.

De todas maneras esperará al segundo refuerzo para analizar cómo marcha todo, pese a lo cual no siente un alivio por haberse vacunado, sabedor que eso tampoco le otorgará la libertad de poder quitarse el barbijo. “Esperemos que esto me sirva para no enfermarme de Covid, que pueda enfrentar esta pandemia tan fuerte y violenta a nivel mundial que nos ha dejado un poco asustados y consternados, cambiándonos el hábito del día a día. Espero que el día de mañana me pueda mover libremente dentro de la Comunidad Autónoma Vasca y que me deje ir a visitar a mis seres queridos en Argentina. Pero el futuro siempre es incierto”, destacó.

RELAX VS. CUIDADOS

El aumento de casos en territorio español se ha visto asociado a cierta relajación por parte de una determinada cantidad de habitantes, que como ocurre en nuestro país, va en contra de aquellos que hacen todo para cuidarse.

Sobre este tema, Cazabat dijo que “acá en España podemos hablar de que muchas veces hay un relajamiento de la gente, algunos no creen mucho hasta que no pasa con gente de su alrededor o seres queridos. Hay corrientes de ideas que dicen que el Covid es una cosa, que es otra, que es todo un negocio, entonces uno no sabe qué pensar y lo único que hace es cuidarse de la mejor manera, utilizando tapabocas y gel de mano. En el trabajo hemos cambiado las formas, todos los días tenemos tomas de temperatura, debemos tratar muy bien con las personas y dividimos la cantidad de residentes para cada turno (‘burbuja’), para que cuando surja un problema de Covid podamos encontrar cuál fue el foco de infección”.

Desde su punto de vista, se sitúa como un eslabón de una gran cadena y hay que cumplir de la mejor manera para que todo mejore, aunque sabe que también hay una gran porción de gente que no lo hace, se reúnen con amigos y los jóvenes intentan salir y divertirse en la manera en que pueden. “Y todo eso afecta, porque pueden contagiar a otras personas que se están cuidando. Hablamos de entre los 18 y veintipico de años, que son los más reacios a tener un encierro y cumplir con todos los horarios y restricciones que a veces nos ponen”.

MIEDO Y ESPERANZA

En otro tramo de la charla, Sergio Cazabat citó que en el lugar donde vive, los lugares que frecuenta y la información de la que se nutre a diario, nota claramente el temor.

“En esta sociedad hay muchas personas que tienen mucho miedo, porque han visto a seres queridos y personas allegadas que por el tema del Covid han fallecido o pasaron por el Hospital en estados muy graves. Entonces mucha gente tiene miedo a contagiarse”, afirmó.

Lo contrarrestó con lo que es su esperanza a nivel personal, el positivismo emanado para que la situación pueda revertirse y retomar poco a poco la vida cotidiana. “Yo tengo esperanza que la pandemia empiece a bajar la curva a partir de abril, que con la vacunación podamos ver qué experiencias se pueden empezar a tener para comenzar una vida más libre, no con tanta presión y tensión como se tiene con el uso del barbijo, guantes, gel y que podamos ir a visitar a otras personas, tener una vida social un poco más abierta”, agregó.

CON RESTRICCIONES

Otro párrafo de su alocución tuvo relación con el cierre de algunos comercios de rubros en particular, ligados de una u otra manera a la imposibilidad de recibir gente que han tenido durante meses y que otros aún mantienen, como también la asociación de las restricciones con la actualidad laboral de muchas personas allí.

“Aquí las hostelerías, los bares y demás han colapsado económicamente. Y la vida social en Europa es muy de bares, de calle, de salir y de moverse de un lado a otro. Eso está muy reflejado en la sociedad y a veces crea una tensión, porque ahora también hay una restricción horaria hasta la una de la mañana y tuvimos anteriores a las 9 de la noche y es muy difícil poder moverse con horarios. Y el pasar de un pueblo a otro es muy controlado por las autoridades policiales, te pueden poner alguna multa y entonces como no te dejan pasar, tienes que quedarte. Y eso es complicado para la vida social de cada uno, porque nos tenemos que mover de un pueblo a otro, los trabajos están en otras localidades y la movilidad es diaria. Las restricciones las hemos intentado cumplir a rajatablas, pero eso nos ha estresado demasiado, tenemos que contar con permisos otorgados por las empresas para poder movernos de un lado a otro y nos tienen muy localizados con toda la información”.