«El que no vivió una guerra no sabe de necesidades»

«El que no vivió una guerra  no sabe de necesidades»

A lo largo del tiempo, muchas pestes, guerras, terremotos, tsunamis, erupciones volcánicas y otros fenómenos han golpeado a muchos países dejando a su paso crueles secuelas de las que los sobrevivientes han sabido reponerse mostrando cómo de la nada misma se puede salir adelante.

La aparición del Coronavirus está ahora marcando - sin duda alguna- un antes y un después en la historia de la humanidad.

Hoy, Argentina, como casi todo el mundo atraviesa esta realidad impensada. "Estamos en guerra contra un enemigo invisible" fue de una de las primeras frases que se escucharon cuando hizo su aparición el Covid-19.

A partir de entonces surgieron los temores y las preocupaciones, no solo por las cuestiones de salud sino por lo económico, lo que se fue agigantando con el paso del tiempo.

Puntualmente sobre esto último, muchos ya han quedado en el camino, otros se debaten en situaciones críticas y algunos sobrellevan "como pueden" esta hasta hace poco inimaginable realidad.

A diario se escucha hablar del "desastre" económico del que muchos consideran será imposible salir.

Será, seguramente, muy difícil volver a la normalidad, pero no imposible.

Está en cada uno de nosotros el tener la fuerza, la voluntad y la decisión de "reinventarnos" si es necesario y saber mirar hacia adelante, sin dejar de mirar por el espejo retrovisor cómo millones de personas pudieron salir de situaciones extremas, mucho más complejas en las que se vieron sumidos en medio de la destrucción y la hambruna.

La segunda guerra mundial fue uno de los hitos más cruentos para una inmensa parte de la humanidad. Países devastados, millones de muertes, falta de alimentos y trabajo pintaron de negro el futuro para una incontable cantidad de personas que lejos de bajar los brazos supo erguirse con todas sus fuerzas para salir adelante…y lo lograron.

UNA HISTORIA, MILLONES DE HISTORIAS

La historia de Domingo Morsella y Antonia Padura no difiere de la de muchísimos europeos.

El Diario la eligió simplemente como reflejo de la de muchas personas que vivieron en carne propia el horror de la guerra y como el Ave Fénix supieron renacer y levantar vuelo de entre las cenizas.

"El que no vivió una guerra no sabe de necesidades" sostiene Domingo Morsella que con sus frescos 90 años y junto a su esposa Antonia Padura accede a proyectarse al pasado en su Italia natal.

"En el pueblo no había quedado nada en pie. Los alemanes, antes de irse destruyeron lo poco que quedaba. Había que empezar de nuevo"

Domingo nació en Duronia, un pequeño poblado de la región de Molise, Antonia en Frosolone, un minúsculo poblado de la misma zona.

Ambos eligieron Argentina como tierra de abrigo luego de la guerra y se conocieron ya adolescentes en Balcarce, donde unieron sus vidas

Eran los dos muy chicos cuando la guerra llegó a sus pueblos, pero, según relatan, lo que vivieron los marcó para toda la vida.

" Llevábamos la vida normal de todo pueblo hasta que todo cambió. Ya era la última etapa de la guerra, yo tenía unos 12 o 13 años, vivía con mis hermanos, padres y abuelos en una casa en la zona rural cuando los alemanes avanzaron por la zona con enfrentamientos con los ingleses. Tomé la decisión de irme de casa, escapar para guarecerme en una casilla en un monte cercano. Nos fuimos mis padres y cinco hermanos mientras los abuelos se quedaron en la casa. Después de varios días decidimos volver. Llovía mucho, yo llevaba sobre los hombros a una de mis hermanas que no podía caminar, cruzamos el río y llegamos a la casa empapados. No encontramos a los abuelos. En la cocina había cinco soldados alemanes que se habían instalado allí. Por suerte los abuelos estaban refugiados en un sótano con el consentimiento de los alemanes que nos trataron bien, nos permitieron acercarnos al fuego, en la misma cocina para secarnos", narra Domingo explicando que tuvieron que convivir con los solados durante más de un mes sin poder salir y sintiendo los constantes cañonazos, algunos de los cuales dieron contra la casa causando serios daños.

Una noche vieron volar muy alto un avión dando señales. Era el aviso de retirada para los alemanes. El poder salir de la casa les hizo ver las secuelas de los enfrentamientos.

"En el pueblo no había quedado nada en pie. Los alemanes, antes de irse destruyeron lo poco que quedaba. Había que empezar de nuevo. Para mi familia no fue tan grave porque en el campo enseguida empezamos a trabajar y alimentos no nos faltaron, pero no más que eso, pero por ejemplo en Montecasino, un poblado cercano no quedó absolutamente nada", añade recordando que tiempo después pudo ver la destrucción de Roma y otras grande ciudades.

Antonia, por su lado, tiene vagos recuerdos ya que era muy pequeña, pero señala que ella y su familia también lograron resguardarse en una casa en la montaña durante más de un mes comiendo habas y garbanzos crudos como único alimento mientras los alemanes arrasaban con el pueblo.

Tiempo después, ante la falta de trabajo, convocados por familiares que residían en Balcarce; Domingo primero (con 19 años) y Antonia (11) años más tarde recalaron en nuestra ciudad con la firme decisión de rearmar sus vidas y en base a sacrificio lo lograron.

Con los años se conocieron, se casaron y formaron una familia…. pero esa es ya otra historia.

Hoy, con la experiencia que les dio el haber visto y vivido aquel horror aseguran que "el que no vivió una guerra no sabe de necesidades". "Nosotros, como miles de italianos y españoles vinimos a trabajar y lo que se logró hacer se hizo con esfuerzo. Con ganas de trabajar se puede salir adelante pero es necesaria la unión de todos los argentinos" reflexiona Domingo con la convicción de que si bien "esto no se va a recuperar de un día para otro, pero con voluntad y unión todo se puede recuperar".

Antonia y Domingo jamás bajaron los brazos, supieron reinventar sus vidas lejos de su país, de sus familias, pero salieron adelante. Quizás sea importante repasar este tipo de historias para comprender que sean cuales fuesen las secuelas de esta guerra en la que estamos hoy combatiendo queda en cada uno de nosotros poder seguir adelante.