Sonia del Campo: el «Hada protectora» de los adultos mayores

Sonia del Campo: el  «Hada protectora» de los adultos mayores

«Siempre me gustó el trabajo social, me importó el otro, la gente y esos temas duros como violencia y adicciones,

que igualmente siguen estando. Y en el ’96 empezaron los primeros Torneos Bonaerenses, un programa de Provincia

con el cual comenzamos a trabajar haciendo cosas con adultos: viajes, turismo y demás. Conocimos a Osvaldo Ruberto,

un profe que era de avanzada con adultos mayores en ese momento, nos juntamos y decidimos hacer algo juntos»,

contó Sonia del Campo, referente del área de Adultos Mayores.  

Los inicios fueron en la Casa de la Mujer, luego se trasladaron al Consejo de la Familia (en la actual Sala «Dr. Victorio A. Tommasi»), brindando un accionar completo que iba de asistir en medicamentos, prótesis y pensiones hasta coordinar la parte recreativa. Desde esa época hasta la fecha, trabajando de manera ininterrumpida, potenciando la tarea temporada tras temporada. 

«Los torneos Bonaerenses tenían la parte lúdica y la cultural, nosotros teníamos ambas. Quienes venían a anotarse a bochas, tejo y otras, por ahí aparecía tejido a mano, crochet y también los inscribíamos. Ya estábamos juntos Cultura y Deporte. También se hacían encuentros con adultos en municipios como San Cayetano, Dolores, Necochea, entonces formábamos grupos e íbamos a participar y también organizábamos encuentros acá. Hacíamos muchos viajes, intercambios, todo evento que había con adultos allá íbamos». 

Con el cambio de gobierno cerró el denominado Consejo de la Familia y, a pedido de los propios adultos mayores para seguir manteniendo la unión de grupo y fomentar distintas actividades, surgió la Colonia de Verano destinada a esta franja etaria, dando sus primeros pasos en las instalaciones del Complejo Polideportivo Municipal, donde se ha mantenido con los años, ya dentro de la órbita de la Subsecretaría de Deporte y Recreación. «Sapo, tejo y el ingreso al natatorio era lo que hacíamos, éramos poquitos», señaló. 

PRESENTE Y PANDEMIA 

La actualidad los encuentra trabajando activamente, con todo el equipo laboral funcionando a pleno y dando lo mejor de sí para que los objetivos planteados puedan cumplirse. 

En ese sentido, Sonia Del Campo dijo que «durante el año y para mantener el grupo, tenemos la Sala ‘Tommasi’ y armamos encuentros semanales donde van los profes Sebastián Sierra y Ana Paz, con Sergio De Esteban que está desde hace dos años. Los profes hacen clases de gimnasia, todo el mundo juega burako, ellos mismos forman grupos y salimos a caminar por el Cerro». 

Pero claro, la aparición del Covid-19 ha dejado secuelas y los adultos mayores las han sufrido también, a punto tal que se tornó sumamente difícil volver a los quehaceres y no todos se sumaron rápidamente. Quedó instalada una especie de temor al contagio y otras vicisitudes que trajo este virus. 

Paulatinamente la situación pareciera ir revirtiéndose. «Va ser difícil pero de a poco lo vamos logrando. Igual nunca abandonamos al grupo en época de pandemia, nos comunicábamos por whatssap y hacíamos algunos juegos, empezamos con el kit de entretenimientos y lo llevábamos a domicilio. Siempre haciendo algo para no perder el contacto, pero ellos estaban muy retraídos, de hecho cuando lanzamos nuevamente  alguna actividad en la ‘Tommasi’, lógicamente con  todos los recaudos, algunos no querían venir, no querían salir». 

BUENAS SENSACIONES 

La sensación de los que se acercan e integran al grupo de adultos mayores es similar en la mayoría de los casos, según entiende Del Campo. 

«Es como que descubren un mundo nuevo, que para uno a lo mejor es una cosa sencilla, pero que esa persona no conocía, porque no todos saben lo que hacemos, después de más de 25 años. Además de aprender a jugar a ciertas cosas, conocen gente con la que se siguen relacionando después del rato que comparten acá y de pronto nace una amistad. Los compañeros, la música, el juego y juntarse, contarse cosas, decirnos a nosotros. Y son muy agradecidos de todo lo que reciben, porque la pasan bien y la gratitud es permanente hacia nosotros. Hemos logrado formar un equipo, siempre hemos coincidido, porque si bien yo coordino hay un equipo donde cada uno tiene su rol y aporta cosas diferentes», explicó. 

TRATO DISPENSADO 

Después de tantos años de trabajo con esta franja de edad, cuenta con la experiencia suficiente para opinar sobre el trato que se le brinda al adulto: «es una cosa que me sigue preocupando y ocupando, porque sigo en ello. Nosotros nacimos para envejecer e ir perdiendo todo, el tema es poder mantenerlo y estar bien. En general en las instituciones y en todos lados hay lo que llamamos destrato o maltrato hacia la persona mayor. Se da cuando interviene el hijo y le dice no salgas, hay que sacarle la bici porque ya no está para andar, es decir cuando pierde la autonomía. El tema es cuando la familia es la que maneja los hilos. Obviamente en el estado de vulnerabilidad que han estado la mayoría, se han entregado, pero también está el que maneja su casa y sigue tomando las decisiones como creo que el ser independiente, mientras estés con tus facultades bien. También depende del soporte emocional, porque si no estás emocionalmente bien, no podés decidir sobre tu vida. Porque hacerte cargo de vos es un montón».

Otro aspecto al que hizo mención fue a las consultas más personales que tanto ella como su núcleo de trabajo reciben por parte de los adultos mayores. En lo individual, apela al sentido común y más allá de la experiencia, expone su forma de ser y eso lo transmite y les agrada a los participantes del grupo. «Por ahí viene alguien y me dice que el marido después de la pandemia no quiere caminar, entonces le pregunto que hace ella, si creó esa dependencia durante todo este tiempo y le digo que trate de salir de esa situación, que vayan un día con los hijos a tomar un café o que hagan cosas como para cambiar la situación. Porque en definitiva nos quejamos de lo que siempre aceptamos», destacó.

DAR Y RECIBIR

Un último aspecto sobre el que se manifestó fue el balance que le deparan estas casi tres décadas de trabajo con los adultos mayores. 

«Sigo aprendiendo, he dejado mucho pero he recibido también muchísimo. Sigo haciéndolo porque me sigue gustando y emocionando. Y vamos cambiando, yo no soy la de antes y me voy adecuando a la situación, creo en la flexibilidad y en que todo cambia y nos tenemos que adaptar a todo. Ayer pasó, apuntemos a vivir bien hoy porque estamos acá y no todos tienen la oportunidad de estar vivos y bien. Planteémonos la vida, no propiciemos una vida no sana para llegar a la enfermedad, a la queja, al dolor, eso hay que vehiculizarlo por otro lado. Todos hemos vivido cosas duras y difíciles, el tema es cómo cambiás eso. El envejecimiento llega a todo, hay que saber aprovechar el hoy y seguir proyectando, pero ahí»