Eliana Ramos, la colectivera balcarceña que sigue la ruta de su familia
Es conductora de uno de los colectivos de la empresa que traslada a los operarios de McCain y heredó una tradición que empezó con su bisabuelo. En diálogo con El Diario, repasó la historia familiar, los desafíos de abrirse paso en un ambiente dominado por hombres y la emoción de sentirse "una más" en las calles de la ciudad.
Hay historias que se tejen sobre ruedas, kilómetros y herencias que van más allá del oficio. La de Eliana Ramos es una de ellas. Nació en una familia donde el sonido de los motores fue siempre parte del hogar. "Soy cuarta generación por parte de mi papá -cuenta con orgullo a El Diario-. Arranca desde mi bisabuelo Ramón, que tenía un horno de ladrillos en Tamangueyú y llevaba cereal en bolsa a Necochea. Su hijo, mi abuelo Domingo, fue chofer durante cincuenta años, casi siempre para el norte. Y mi papá, Carlos, empezó de acompañante a los 13 y a los 18 ya se subió solo. Anduvo nueve años y por cuestiones económicas pasó a ser chofer de larga distancia. Siempre decía que quería volver al camión y hace once años lo hizo, con el suyo propio".
Desde chica, Eliana admiró ese mundo de motores y rutas interminables. "Creo que desde que tengo uso de razón le decía a todo el mundo que iba a ser camionera. En mi familia me lo negaban un poco, sobre todo mi papá, por miedo. Soy la única mujer y salí con este gusto", relata entre risas. Pero también reconoce que, pese a sus temores, él fue su mayor aliado: "Siempre que lo acompañaba me prestaba el camión a escondidas de mi mamá. Pienso que fue el único que me apoyó de verdad. Sacaba vacaciones en mis otros trabajos para irme de acompañante con él a cualquier lado. Es un sentimiento de mucho orgullo verlos manejar esos portes grandes".
Eliana encontró finalmente su lugar al frente del volante, aunque no exactamente como lo había imaginado: "Hace un tiempo llegué a esta empresa diciéndole a mi papá que, si no era mi momento de ser camionera, iba a andar en un colectivo. Y así fue".
"NUNCA ESTUVO EL LÍMITE DE SER MUJER"
Su historia tiene un punto de inflexión claro: la primera vez que se sentó al mando de un micro. "Acompañé a mi papá en colectivos, pero nunca había manejado uno hasta que fui a rendir examen para el carnet. Cuando me bajé de la prueba le dije: me parece que esto es lo que quiero hacer. Me encantó el colectivo", recuerda con emoción.
En sus comienzos, no estuvo sola. "Siempre hay gente que te ayuda. En mi caso, fue mi compañera de trabajo, que me brindó su paciencia y me sacaba a dar vueltas con el coche vacío, sin pasajeros. Cuando me sentí preparada -porque el colectivo tiene otras dimensiones distintas al acoplado- le dije a mi encargado que estaba lista. Él confió en mí y salí. Fue hermoso andar sola y sentir toda la responsabilidad de llevar gente. En la ciudad todo se vuelve milimétrico, y me encantó".
A pesar de los prejuicios que todavía sobreviven en algunos ámbitos, ella nunca sintió rechazo. "Nunca pasé por momentos incómodos. Al contrario, me saludaban con mucho respeto. Los pasajeros me incentivaban con frases como ¡qué grande, flaca!", cuenta con una sonrisa. "Hoy es normal cruzarte con mujeres conduciendo camión o colectivo. Siempre hubo alguna que se animó y gracias a ellas se nos hace más fácil. Me pone contenta cuando hacés los recorridos y los demás colectiveros te saludan, ya te sentís una más entre ellos".
"DISFRUTO TENER EL CONTROL DEL COLECTIVO"
En su rutina diaria, Eliana disfruta cada viaje, cada encuentro, cada saludo. "Me encanta tener el control del colectivo y las distintas situaciones que se dan en el tráfico. Los pasajeros son unos genios, jamás me hicieron sentir nervios, siempre muy respetuosos. Al subir saludan, al bajar agradecen. Es hermoso ese vínculo cotidiano".
De sus mayores aprendió lo esencial: "Aprendo todos los días de mi abuelo y de mi papá, más de mi viejo, que anda atrás mío. Nuestros diálogos se transformaron en charlas sobre colectivos y camiones. No fue fácil para él, tenía nervios, pero me brinda sus vivencias y eso me ayuda mucho. Hoy mi familia está orgullosa y feliz de verme en la profesión que nunca imaginaron que me iba a gustar tanto. Mi mamá y mi hermano también se sumaron a apoyarme y tirarme siempre palabras de aliento. Lo que más logro aplicar de ellos es la responsabilidad: eso es lo que siempre admiré".
"NADA ES UN OBSTÁCULO"
Antes de terminar la charla, deja un mensaje que parece resumir todo su recorrido: "A una mujer le digo que, aunque todos te digan que no, Dios cumple el deseo de nuestro corazón en el momento correcto. Todo se puede, nada es un obstáculo y los sueños están para cumplirse. Siempre hay alguien que te va a brindar una mano. Lo primordial es no tener miedo". En cada vuelta del volante, Eliana Ramos lleva mucho más que pasajeros, transporta la historia de una familia entera y el ejemplo de que la pasión y la determinación también pueden heredarse, generación tras generación.
