El padre Pablo Etchepareborda se despide de Balcarce: "Me voy contento por el trabajo realizado y con muchos amigos en el corazón"
Después de siete años de servicio pastoral en Balcarce, llegó el momento de la despedida para el padre Pablo Etchepareborda. Mañana celebrará su última misa al frente de las parroquias Santa María y San José antes de trasladarse a la parroquia Santa Clara de Asis, de Santa Clara del Mar, donde asumirá oficialmente el 11 de julio.
Aunque su partida había sido anunciada meses atrás, la cercanía de la fecha hace que la despedida ya se viva con otra intensidad. Tras cientos de celebraciones, bautismos, comuniones, confirmaciones, casamientos, despedidas y encuentros con la comunidad, el sacerdote reconoce que llega el momento de cerrar una etapa marcada por profundas emociones.
"Como se había anunciado que el padre Marcelo llegaba en agosto, muchos pensaban que yo también me iba en agosto, pero no. El domingo será mi última celebración y después compartiremos un almuerzo a la canasta para dar gracias a Dios por todo este tiempo vivido junto a la comunidad", explicó.
UN BALANCE MARCADO POR LA GRATITUD
Al hacer un repaso de estos siete años, Etchepareborda admite que los sentimientos son encontrados. A la satisfacción por el camino recorrido se suma la inevitable nostalgia que genera dejar una comunidad con la que construyó fuertes vínculos.
"Uno deja un montón de corazones y también se lleva muchos. Siempre hay cosas muy lindas y otras que quedaron pendientes, proyectos que no pudieron concretarse. Pero si hago un balance general, me voy contento. Mi sensación es que el resultado fue muy positivo."
Durante su ministerio atravesó algunos de los momentos más difíciles que recuerde la comunidad, como la pandemia de Covid-19, pero también innumerables celebraciones que marcaron la vida de cientos de familias.
"No nos podemos olvidar de las víctimas del Covid y de tanta gente querida que vimos partir. Fueron momentos muy duros. Pero también hubo muchísima alegría: tantos chicos que hoy me saludan por la calle y a los que les di la comunión o la confirmación, tantas familias con las que compartimos momentos importantes."
UNA IGLESIA CON MÁS PARTICIPACIÓN
Uno de los aspectos que más satisfacción le genera es haber visto crecer la participación de distintas generaciones dentro de la vida parroquial.
"Siempre soñé con una parroquia que fuera realmente la casa de todos, un lugar donde cada uno pudiera vivir su fe. Hoy vemos chicos corriendo por el templo, adolescentes, jóvenes, adultos, familias enteras. Hay una continuidad muy linda y eso me llena de alegría."
También destacó el trabajo conjunto que logró consolidarse entre las comunidades de Santa María y San José durante el último año.
"Pudimos trabajar buscando la unidad, con muy buenos equipos pastorales, económicos, de liturgia, catequesis y Cáritas. Creo que demostramos que se puede caminar juntos, porque la Iglesia es una sola y todos formamos parte de ella."
LO QUE SE LLEVA DE BALCARCE
Cuando se le pregunta qué deja y qué se lleva de la ciudad, la respuesta surge casi de inmediato. "Me llevo muchos amigos y dejo muchos amigos." Luego agrega que también se marcha con la satisfacción de haber visto consolidarse una comunidad comprometida y participativa.
"Balcarce tiene una comunidad muy fuerte. Dentro de la diócesis es una parroquia muy valorada por el compromiso de su gente. Hay una historia de 140 años de fe que se nota en las familias, en la participación y en el trabajo cotidiano. Todos los sacerdotes que pasaron por acá siempre hablan con mucho cariño de esta comunidad."
No obstante, reconoce que todavía quedan desafíos por delante. "Me hubiera gustado fortalecer aún más el trabajo en los barrios y seguir formando comunidades cada vez más abiertas. Ese es un deseo que queda para quienes continúen este camino."
UN NUEVO DESAFÍO PASTORAL
La próxima etapa será muy distinta. En Santa Clara tendrá a cargo una comunidad considerablemente más pequeña que la que deja en Balcarce.
"Pasar de catorce comunidades y un colegio a cuatro comunidades es una diferencia importante. Seguramente habrá otro ritmo de trabajo y otra dinámica, especialmente por el movimiento turístico que tiene esa zona entre el verano y el invierno."
Lejos de pensar en una etapa de descanso, asegura que llega con entusiasmo al nuevo destino.
"Estoy muy bien y con muchas ganas de trabajar. Seguramente también tendré un poco más de tiempo para leer y para estar presente en cada comunidad, algo que acá, por la dimensión de la parroquia, era más difícil."
UNA DESPEDIDA CARGADA DE AFECTO
Antes de concluir la entrevista, el sacerdote quiso agradecer especialmente el acompañamiento recibido durante estos años. "La Iglesia nunca la hace una sola persona. El cura conduce, pero la construimos entre todos. Nada de lo que pudimos hacer hubiera sido posible sin la colaboración de tanta gente comprometida. Solo tengo palabras de agradecimiento para toda la comunidad."
El próximo domingo será el momento de los abrazos, de los recuerdos y de los agradecimientos. Será también el cierre de una etapa que dejó una profunda huella en la comunidad católica balcarceña. Mientras tanto, hasta la llegada del padre Marcelo en agosto, la atención pastoral quedará a cargo del padre Juan Marcos, garantizando la continuidad de las actividades en ambas parroquias. "Quedan en muy buenas manos", aseguró Etchepareborda antes de despedirse. "Y sé que, de una manera u otra, volveré a Balcarce para visitar a los amigos que esta comunidad me regaló".
