Mientras Argentina sueña con la copa, un artista local convirtió la ciudad en una obra de arte
A poco de la final que paralizará al país, Balcarce también tiene sus postales de este Mundial. No sólo las banderas en los balcones, las camisetas celestes y blancas o las reuniones para ver cada partido. También las vidrieras intervenidas con enormes ilustraciones que, desde hace varias semanas, sorprenden a quienes recorren el centro de la ciudad. Detrás de muchas de ellas está Pablo Ferreyra.
En diálogo con El Diario, el artista visual contó cómo nació una propuesta que comenzó casi como una experiencia aislada y terminó convirtiéndose en un recorrido artístico por cerca de veinte comercios balcarceños.
"Durante el Mundial trabajé en casi veinte comercios. Fue algo que fue creciendo de manera muy natural", cuenta Ferreyra, artista visual, profesor de arte y director de arte audiovisual, cuya trayectoria combina la docencia, el muralismo, el grabado y proyectos teatrales y cinematográficos.
La historia empezó incluso antes de que rodara la pelota. Una propuesta para intervenir vidrieras durante las fiestas de fin de año despertó el interés de comerciantes y vecinos. Las redes sociales hicieron el resto. Las imágenes comenzaron a compartirse y, casi sin buscarlo, los pedidos empezaron a multiplicarse.
Cuando llegó el Mundial, la temática ya estaba definida. "Cada cliente me daba una idea de lo que quería y después me dejaba mucha libertad para componer. Eso fue muy lindo porque pude adaptar cada intervención al espacio, sin repetir exactamente una misma obra."
UN VIDRIO
COMO LIENZO
Ferreyra trabaja con marcadores acrílicos especialmente preparados para superficies vidriadas. Una técnica completamente manual que mezcla dibujo a mano alzada con algunas transferencias previas para las composiciones más complejas. No hay impresiones, ploteos ni adhesivos. Todo nace del trazo.
Messi levantando la Copa, Diego Maradona, escudos, tipografías, papel picado, estrellas, banderas argentinas y distintos símbolos fueron apareciendo sobre los vidrios, transformando frentes comerciales en enormes ilustraciones temporales. "La idea era generar alegría. Que la gente sintiera que estaba entrando a un espacio que también vivía el Mundial."
Una de las ventajas de esta técnica es precisamente su carácter efímero. Las ilustraciones pueden permanecer durante semanas y luego retirarse fácilmente con productos de limpieza, sin dejar marcas. "Esa posibilidad hace que muchos comerciantes se animen. Es una intervención artística que transforma el espacio, pero después puede retirarse sin problemas."
EL ARTE TAMBIÉN
JUEGA
Profesor de Artes Visuales, profesor de Teatro, muralista y grabador, Ferreyra lleva más de quince años vinculado al ámbito educativo y cultural.
Desde 2017 desarrolla talleres y actividades en el Centro Cultural La Casa del Fondo, donde coordina propuestas de dibujo, teatro, grabado y producción artística colectiva. También fue director y actor de la obra Brillante, una historia en la oscuridad, ganadora de una beca del Fondo Nacional de las Artes, y este año se desempeñó como director de arte y responsable de efectos especiales del largometraje La noche que nunca termina, film rodado en Balcarce y seleccionado para festivales nacionales e internacionales.
Toda esa experiencia aparece, de alguna manera, también sobre una vidriera. Porque detrás de cada dibujo hay decisiones de composición, equilibrio visual, narrativa y puesta en escena.
"Más allá del dibujo, me interesa encontrar el sentido de pertenencia de cada lugar. Que el arte dialogue con el espacio y que quien pase por la vereda tenga ganas de detenerse unos segundos para mirar."
UNA CIUDAD QUE SE DETIENE A OBSERVAR
Entre partido y partido hubo una escena que se repitió muchas veces. Mientras Ferreyra dibujaba, los peatones frenaban la marcha. Algunos preguntaban qué estaba haciendo. Otros sacaban fotos. Muchos esperaban hasta el final para ver terminada la obra.
"Lo más lindo era ver la reacción cuando terminaba. Los dueños veían transformado su lugar y la gente se acercaba a disfrutarlo. Ese agradecimiento fue lo que más me quedó."
Así, sin buscar protagonismo, sus ilustraciones terminaron convirtiéndose en parte del paisaje urbano de este Mundial. No hubo una única obra emblemática, Fueron muchas, dispersas por la ciudad. Y todas compartiendo un mismo espíritu.
MUCHO MÁS QUE UNA MODA
Ferreyra asegura que esta experiencia abrió una nueva posibilidad para su trabajo artístico. La respuesta del público y de los comerciantes confirmó que existe un interés por acercar el arte a espacios cotidianos, fuera de los museos o las salas de exposición.
"Me gustaría seguir haciendo este tipo de intervenciones para distintas fechas o acontecimientos. El vidrio es otro soporte, otra manera de acercar el arte a la gente." Quizás esa sea la mayor enseñanza que dejó este recorrido.
Mientras millones de personas seguían cada partido frente al televisor, en Balcarce hubo un artista que eligió contar el Mundial con marcadores en la mano. Y consiguió que, durante unas semanas, cada vidriera también jugara su partido.
