"Cuidate, te amo", entre los abrazos de casa y el llamado de la sirena
Mientras muchos jóvenes de su edad piensan en estudios, trabajo, amigos o proyectos personales, Tomás Charmelo y Leandro Puente conviven con una responsabilidad diferente: estar preparados las 24 horas para responder cuando alguien necesita ayuda.
Ambos tienen 21 años y forman parte del cuerpo activo de Bomberos Voluntarios de Balcarce. Aunque sus historias tienen matices distintos, comparten una característica en común: la vocación nació mucho antes de ponerse el uniforme.
"Desde muy chico mi sueño fue ser bombero voluntario", recuerda Tomás en diálogo con El Diario. "Mi juego habitual de niño era jugar a serlo. A los nueve años comencé a formar parte del grupo scout Cruz del Sur y desde ahí empecé a interiorizarme en lo que significa el voluntariado".
En su caso hubo además dos figuras que marcaron el camino. "Mis referentes siempre fueron Sebastián Montenegro y Néstor Cabral. Ellos fueron las personas que me motivaron a dar el paso y a seguir este sueño".
Leandro tampoco recuerda un momento puntual en el que tomó la decisión. "La verdad es que nunca tuve que decidirlo. Desde chiquito sabía que quería ser bombero. Era el típico nene que jugaba a serlo y quería que lo llevaran cada vez que sonaba la sirena", cuenta.
El comienzo formal llegó en 2017, cuando Susana Rodríguez, madre del bombero Ignacio Capozzi, le comentó que existía la posibilidad de reabrir la escuela de cadetes. Un año más tarde, el 2 de junio de 2018, fue presentado junto a sus compañeros como integrante de una nueva camada.
LOS AÑOS DE
CADETES
Ambos coincidieron en la escuela de cadetes y tuvieron como instructores a Walter Ivorra y Gustavo Domínguez, dos nombres que aparecen una y otra vez cuando recuerdan sus primeros pasos dentro de la institución.
Tomás ingresó a los 12 años y destaca que aquellos tiempos fueron fundamentales para su formación. "Las primeras recorridas dentro del cuartel con quienes hoy son grandes compañeros, las prácticas y todo lo que aprendíamos fueron experiencias inolvidables. Pero hubo un momento clave: la primera práctica compartida con el cuerpo activo, en 2018. Ahí descubrí la verdadera pasión por esta actividad".
Para Leandro, aquellos años también dejaron recuerdos imborrables. "Fue una etapa muy linda, donde todo era nuevo. Teníamos un grupo muy unido y esperábamos con ansias los sábados para aprender algo distinto. A los 16 años, en plena pandemia, me presentaron por Zoom al cuerpo activo como cadete".
EL SACRIFICIO QUE NO SE VE
Ser bombero voluntario implica mucho más que acudir a incendios o accidentes. Detrás de cada salida hay capacitación, organización y también renuncias cotidianas que muchas veces pasan desapercibidas.
Tomás reconoce que haber crecido en una familia vinculada al cuartel hizo que naturalizara esa realidad desde pequeño. "Lo más difícil fueron mis primeros años como bombero porque coincidieron con el final de la secundaria. Muchas veces me perdía situaciones típicas de cualquier adolescente por priorizar la vocación de servicio. Se sacrifican muchas cosas, especialmente tiempo con la familia y con los amigos".
Leandro coincide y asegura que la clave está en el orden. "Lo principal es tener un orden para que alcance el tiempo para todo: el estudio, el cuartel y la vida en casa. Nunca sabés cuándo puede surgir una salida ni cuánto tiempo puede demandar. Capaz una intervención dura media hora y otra tres o cuatro horas. Lo más difícil es justamente eso".
Sin embargo, aclara que no le gusta hablar de tiempo perdido. "Muchas veces se dice que se pierden momentos, pero no es así. Mientras otros están tomando mates con la familia, estudiando o entrenando, vos estás ayudando a alguien que lo necesita. Ahí está el orden de prioridades".
LA FAMILIA, EL APOYO IMPRESCINDIBLE
Detrás de cada bombero existe una red de contención que acompaña silenciosamente cada guardia, cada capacitación y cada emergencia.
Para Tomás, ese respaldo resulta indispensable. "La familia es el sostén fundamental para poder desarrollar la actividad día a día. Sin ellos sería imposible seguir adelante. Más allá de mis viejos y de mi pareja, que me bancan afuera del cuartel, tengo un sostén importantísimo que fue quien me apoyó desde el inicio y me acompañó en mis primeras prácticas".
Entonces aparece una de las personas más importantes de su historia. "Mi abuelo no llegó a verme convertido en el bombero que soy hoy, pero sé que me acompaña siempre, en cada salida y en todo momento".
Y antes de cada emergencia hay una frase que nunca falta. "A la hora de irme a un servicio, siempre está el famoso 'cuidate, te amo' de mis viejos".
Leandro también destaca el rol de sus seres queridos. "La familia es lo más importante. Ellos son los que te bancan cuando volvés bien y también cuando volvés mal. No todas las salidas son lindas de recordar. Hay que entenderlos también a ellos, porque saber que vas a un incendio, un accidente o un rescate genera preocupación".
Y agrega que los afectos construidos dentro y fuera del cuartel forman parte del mismo sostén. "Los amigos que hice durante todos estos años también son familia. Todos ayudan a seguir adelante".
LAS EXPERIENCIAS QUE DEJAN HUELLA
En una actividad donde se enfrentan situaciones límite, hay experiencias que quedan grabadas para siempre.
Tomás recuerda especialmente una intervención que lo marcó profundamente. "Me tocó trasladar a una víctima de un accidente y horas después me enteré de su fallecimiento. Son situaciones que te dejan una huella y que nunca olvidás".
Pero también encuentra motivos permanentes para seguir adelante. "Cada 2 de junio, durante el desfile por las calles de la ciudad, se siente el cariño de la gente. Ese reconocimiento es una de las mayores gratificaciones que tenemos".
Para Leandro, cada salida deja una enseñanza distinta. "Todas son diferentes. Siempre hay circunstancias nuevas y todas nos enseñan algo. Nos muestran cosas que hicimos bien y otras que podríamos haber hecho mejor. Todas las salidas nos marcan, para bien o para mal".
Y asegura que esas experiencias ayudan a poner muchas cosas en perspectiva. "Es cuando más valoramos lo que tenemos y lo que hacemos".
Las mayores satisfacciones, sin embargo, suelen aparecer en los gestos más simples. "Lo más lindo es cuando los más chicos te reconocen como bombero o cuando la gente agradece y reconoce el esfuerzo que hacemos todos los días. Esas son las cosas que te recuerdan por qué elegiste este camino".
A sus 21 años, Tomás Charmelo y Leandro Puente representan a una nueva generación de bomberos voluntarios que continúa el legado de quienes los precedieron. Jóvenes que crecieron escuchando la sirena, soñando con vestir el uniforme y que hoy, cada vez que suena la alarma, dejan de lado sus actividades cotidianas para acudir donde alguien los necesita.
Porque detrás de cada salida hay entrenamiento, sacrificio y compromiso. Pero, sobre todo, una convicción que ambos comparten desde chicos: la vocación de servir.
