Cuidar la piel también es cuidar la salud: recomendaciones clave frente al sol
El reciente período de calor extremo que atravesó la ciudad volvió a poner en primer plano la importancia del cuidado de la salud frente a la exposición solar. En ese contexto, la dermatóloga Graciela Pilone dialogó con El Diario y subrayó que la protección de la piel no es una cuestión estética ni estacional, sino un hábito fundamental para preservar la salud, en un escenario donde la radiación solar se vuelve cada vez más agresiva.
"La salud es una sola y el cuidado de la piel forma parte de ese concepto integral", explicó Pilone. Durante los meses de verano, los rayos solares -energía electromagnética- caen de manera más directa sobre la superficie terrestre, a diferencia de otras épocas del año en las que lo hacen de forma más tangencial. "Esa incidencia directa influye en todos los seres vivientes y genera un impacto mayor sobre el organismo", remarcó la doctora.
DAÑOS VISIBLES
Y LESIONES
IRREVERSIBLES
La especialista advirtió que los efectos del sol no siempre son inmediatos, pero sí acumulativos. Entre los daños crónicos más frecuentes mencionó el engrosamiento de la piel, la aparición de arrugas profundas, manchas oscuras o claras y la atrofia cutánea. A esto se suman cambios localizados del tejido, como displasias o queratosis, y lesiones irreversibles.
"Existen formas de cáncer de piel no melanoma, que son las más frecuentes y generalmente se resuelven con una extirpación, pero también está el melanoma, que es altamente agresivo", alertó Pilone, subrayando la importancia de la prevención y del control médico periódico.
HORARIOS
CRÍTICOS Y TIPOS
DE RADIACIÓN
La dermatóloga explicó que entre las 10:30 y las 16 horas se concentra el mayor riesgo, ya que los rayos ultravioletas caen perpendicularmente sobre la superficie terrestre durante la época estival.
"Los rayos UVB son los que producen el enrojecimiento, el ardor y las ampollas, mientras que los UVA penetran más profundamente: broncean la piel a las 72 horas, pero generan el daño solar crónico, alterando la estructura del tejido", detalló. Esa combinación es la que explica por qué muchas lesiones aparecen con el paso del tiempo, aun cuando no hubo quemaduras visibles en el momento.
PROTECCIÓN SOLAR Y CUIDADOS DIARIOS
Pilone remarcó que los protectores solares deben elegirse según el tipo de piel. Las pieles tipo 1, muy blancas, requieren factores de protección más elevados; las tipo 2 son menos blancas; las tipo 3, morenas, predominan en América Latina; y las tipo 4, de piel negra, cuentan con mayor protección natural.
"En nuestras latitudes, por la amplitud del agujero de ozono, se recomienda usar protector solar con FPS 30 o superior", señaló. En el caso de los niños, el uso está indicado a partir de los seis meses, aplicándolo sobre la piel seca, esperando su absorción y renovándolo cada tres horas.
A estas medidas se suman la hidratación constante con agua fresca, la búsqueda de sombra -preferentemente natural, como la de los árboles- y la protección física: sombreros que cubran el cuello, anteojos con filtro UV y camisetas. "La sombrilla refracta apenas la mitad de la radiación comparada con una exposición directa", aclaró.
DÍAS NUBLADOS Y FALSA SENSACIÓN DE SEGURIDAD
Uno de los errores más comunes, según la especialista, es descuidarse cuando el cielo está cubierto. "En los días nublados hay que cuidarse igual. Como no hace tanto calor ni hay tanta luz visible, las personas permanecen más tiempo al sol, pero el daño solar sigue actuando y se acumula", explicó.
EL ABCD DE LOS LUNARES
Pilone insistió en la importancia de observar la piel y prestar atención a cualquier cambio. Para eso, recordó el ABCD de los lunares: A: aumento de tamaño. B: borde irregular o que se engruesa. C: cambio de color (más oscuro, más claro, atigrado o con manchas rojas). D: densidad o relieve, cuando la lesión se vuelve más prominente. "Cualquiera de estas señales debe ser motivo de consulta", advirtió.
CAMAS SOLARES: UN RIESGO INNECESARIO
Consultada sobre el uso de camas solares, la dermatóloga fue categórica: "Se desaconsejan". Explicó que suelen ser utilizadas por personas de piel tipo 1, que se enrojecen con facilidad y tienen dificultades para broncearse.
"Las lámparas emiten rayos UVA, que broncean sin ardor ni enrojecimiento, pero producen el mismo daño profundo. Ese daño, con el tiempo, puede derivar en cáncer de piel, tanto no melanoma como melanoma", alertó.
NIÑOS Y ADULTOS MAYORES, LOS MÁS VULNERABLES
Finalmente, Pilone destacó que niños y adultos mayores requieren cuidados especiales. "Son los dos extremos de la vida y tienen la piel más vulnerable. Por eso deben extremarse todos los recursos de protección que mencionamos", concluyó.
En un contexto de temperaturas extremas y radiación intensa, el mensaje es claro: el cuidado frente al sol no debe limitarse a las vacaciones ni a la playa, sino incorporarse como una práctica cotidiana para prevenir daños que, muchas veces, aparecen cuando ya es tarde.
