San Cayetano, el trabajo y una nueva etapa para la comunidad católica de Balcarce
Cada 7 de agosto, la figura de San Cayetano vuelve a reunir a miles de fieles en distintos puntos del país, en una jornada atravesada por la fe, el agradecimiento y los pedidos vinculados principalmente con el trabajo. En Balcarce, esa tradición también tuvo su expresión comunitaria, con una procesión y una misa que reunieron a numerosos vecinos en la capilla San Cayetano, ubicada en avenida Eva Perón y calle 116 bis.
La procesión se realizó a las 15, mientras que cerca de las 16 tuvo lugar la celebración de la misa. La jornada contó con un muy buen marco de público y una importante participación de feligreses, que se acercaron para acompañar la celebración y renovar su vínculo con el santo.
Uno de los momentos más emotivos se produjo alrededor de la imagen de San Cayetano. Numerosos fieles se acercaron para rezar, agradecer y formular sus pedidos, muchos de ellos visiblemente emocionados. Para algunos, el encuentro con la imagen significó renovar una tradición familiar; para otros, expresar ante el santo las preocupaciones y esperanzas que atraviesan su vida cotidiana.
En ese contexto, el padre Marcelo Panebianco puso el acento en el significado espiritual y humano de una fecha profundamente arraigada en la tradición argentina. “Es un día muy importante y muy querido en la Argentina”, señaló el sacerdote, quien destacó que la celebración reúne dos sentimientos que muchas veces conviven en la vida cotidiana: el agradecimiento por lo recibido y el pedido ante las situaciones de dolor, incertidumbre y dificultades económicas.
En ese sentido, explicó que la falta de trabajo, las dificultades para acceder a un empleo y las preocupaciones vinculadas con las remuneraciones forman parte de una realidad compleja, pero remarcó que el trabajo no debe ser entendido únicamente como un medio para obtener recursos.
EL TRABAJO COMO FUENTE DE DIGNIDAD
Para Panebianco, el trabajo tiene una dimensión que excede lo económico y se encuentra profundamente vinculada con la dignidad de cada persona.
“Él es el primer trabajador”, sostuvo al referirse a Dios como creador, para explicar que el trabajo forma parte de la vocación del hombre. Según planteó, trabajar no significa solamente contar con los medios necesarios para sostener la vida, sino también poder desarrollarse como persona y contribuir al bien común.
“El trabajo no es simplemente algo ordinario de la vida del hombre, sino que tiene que ver con Dios”, expresó.
Desde esa mirada, consideró especialmente significativo que los fieles recurran a San Cayetano para pedir por una fuente laboral o agradecer por ella. “Nos ganamos el cielo trabajando”, resumió, al remarcar la importancia que la actividad laboral tiene dentro de la concepción cristiana.
La presencia de los fieles durante la celebración reflejó precisamente esa relación entre la fe y las necesidades cotidianas. Frente a la imagen del santo, se multiplicaron las oraciones y los pedidos, en muchos casos relacionados con la posibilidad de conseguir o conservar un empleo, mejorar la situación familiar o simplemente agradecer por aquello que se tiene.
UNA DEVOCIÓN CON FUERTE IDENTIDAD ARGENTINA
El sacerdote también se refirió a la particular relación que existe entre San Cayetano y la sociedad argentina. Si bien el santo nació en Italia y murió en Nápoles, donde se encuentra sepultado, explicó que la devoción vinculada específicamente con el pedido de trabajo adquirió una dimensión mucho mayor en nuestro país.
“Es un fenómeno netamente argentino el tema de pedir la intercesión a San Cayetano por el trabajo”, explicó.
En ese proceso tuvo un papel importante la llegada de los sacerdotes teatinos, congregación fundada por San Cayetano. Con el paso del tiempo, la devoción se arraigó especialmente en la Argentina y encontró en la iglesia de San Cayetano de Liniers uno de sus principales centros de expresión popular.
Panebianco contó incluso que tuvo la posibilidad de conocer el lugar donde se encuentra sepultado el santo en Nápoles y pudo comprobar que, si bien es reconocido en Italia, la dimensión popular que alcanzó en la Argentina resulta particularmente significativa.
LOS PRIMEROS DÍAS DE PANEBIANCO EN BALCARCE
La celebración de San Cayetano también permitió conocer las primeras impresiones del sacerdote tras su llegada a Balcarce. Panebianco asumió recientemente una nueva responsabilidad pastoral en la comunidad y aseguró sentirse muy bien recibido.
“La gente es muy cálida y muy buena. Estamos de luna de miel en esta nueva etapa”, expresó con una sonrisa.
Su tarea comprende un amplio territorio pastoral que incluye las parroquias San José, Santa María y Sagrada Familia de San Agustín, además de Los Pinos. Por ese motivo, explicó que todavía se encuentra en una etapa de recorrida y conocimiento de las distintas comunidades. “Es enorme y estoy empezando a recorrer, pero hasta ahora estoy súper feliz”, manifestó.
Al mismo tiempo, reconoció que asumir esta responsabilidad representa un desafío importante, especialmente por la cantidad de necesidades y realidades que existen en una comunidad amplia. Sin embargo, sostuvo que afronta esta nueva etapa desde la confianza en Dios y con la intención de construir una vida comunitaria basada en el acompañamiento y el trabajo conjunto.
Esa mirada también había aparecido en sus primeras palabras como nuevo párroco, cuando planteó la necesidad de construir progresivamente los vínculos con los fieles y conocer las distintas realidades que conforman la comunidad. “Ya estamos, ya estoy en casa”, había expresado, al describir sus primeras sensaciones luego de comenzar a recorrer la ciudad y encontrarse con quienes integran las distintas comunidades.
UN VÍNCULO CON BALCARCE QUE COMENZÓ HACE DÉCADAS
Aunque su llegada actual representa un nuevo comienzo, el sacerdote no es un desconocido para la zona. Oriundo de Mar del Plata, recordó que tuvo sus primeros contactos con Balcarce y sus alrededores durante los años de formación sacerdotal. “Cuando empecé el seminario, en el año 90, empecé a misionar en la escuelita de la Ruta 226, en El Dorado”, recordó.
Durante tres veranos participó de distintas experiencias misioneras en esa zona, primero junto al padre Alfredo y posteriormente con el padre Andrés y otros integrantes de los equipos pastorales. Aquellos años quedaron como un recuerdo especial y ahora, ya instalado en la ciudad, aseguró que vive una suerte de redescubrimiento de Balcarce y de sus comunidades.
EL ACOMPAÑAMIENTO DE OTROS SACERDOTES
Otro de los aspectos que destacó es la posibilidad de desarrollar la tarea pastoral junto a otros sacerdotes. Después de haber permanecido durante una década al frente de una comunidad en Pinamar prácticamente en soledad, valoró especialmente contar ahora con un equipo.
“Hace diez años que estaba solo en Pinamar, con todo Pinamar, desde Cariló hasta El Grande. Entonces ahora, la verdad, que seamos cuatro es una cosa muy linda”, señaló. Para el sacerdote, el acompañamiento permite compartir responsabilidades, experiencias y desafíos, además de fortalecer el trabajo cotidiano de las distintas comunidades.
Con 28 años de sacerdocio y esta como su cuarta experiencia como párroco, Panebianco aseguró que cada llegada representa un desafío diferente. “Uno viene con un poco de experiencia, pero siempre se va renovando”, afirmó.
La llegada a Balcarce también significó comenzar una nueva etapa junto al presbítero Walter Gómez, quien se desempeña como vicario. Ambos plantearon desde el comienzo la importancia de trabajar en conjunto y de construir una relación cercana con la comunidad.
UNA COMUNIDAD QUE SE CONSTRUYE CAMINANDO
La concepción de la tarea pastoral que plantea Panebianco tiene como uno de sus ejes el acompañamiento. Para el sacerdote, la Iglesia debe ser una comunidad capaz de caminar junto a las personas, especialmente en los momentos de dificultad.
En sus primeras intervenciones en Balcarce había señalado que esta nueva misión genera también cierto temor frente a la magnitud de la tarea, pero que esa sensación debe estar acompañada por la confianza. “Con Dios vamos a poder ir haciéndolo”, había expresado.
La idea de caminar juntos también fue destacada por el padre Walter Gómez, quien llegó a Balcarce después de haber desarrollado su ministerio en distintos lugares y con el objetivo de estar más cerca de su familia, oriunda de Ayacucho.
Gómez reconoció que los procesos de cambio pueden ser complejos tanto para las comunidades como para los sacerdotes, porque implican adaptarse, conocerse y construir nuevos vínculos. “Confiemos que Dios está con nosotros”, sostuvo.
El nuevo vicario recurrió incluso a una imagen tomada de los Salmos para explicar su mirada sobre esta etapa: “Dios le da la comida a su tiempo”. Desde esa perspectiva, planteó que cada integrante de la comunidad deberá atravesar el proceso con paciencia y con la confianza puesta en la gracia.
“Nos ayudará a cada uno de nosotros, a ustedes como fieles, a nosotros como curas, a hacer el proceso y contar con esa gracia de Dios que necesitaremos para cada pasito”, señaló.
PREPARATIVOS PARA LA VISITA DEL PAPA
En medio de esta nueva etapa también aparece otro acontecimiento de enorme relevancia para la comunidad católica: la visita del Papa a la Argentina prevista para noviembre. El sacerdote consideró que será una oportunidad para preparar el corazón y pensar cómo participará Balcarce de ese acontecimiento.
Según explicó, desde el Obispado se trabaja con la posibilidad de que el encuentro principal tenga lugar en el Santuario de Luján, por lo que no descartó la organización de micros para que los fieles de la ciudad puedan participar. “Seguro”, respondió al ser consultado sobre la posibilidad de que desde Balcarce se organicen viajes hacia Luján, y anticipó que la comunidad comenzará a prepararse para esa jornada.
UNA BENDICIÓN PARA QUIENES NECESITAN TRABAJO
La jornada de San Cayetano terminó dejando también una imagen que resume el sentido de esta devoción: los fieles acercándose a la imagen del santo con pedidos, agradecimientos y emociones personales. Para muchos, se trató de renovar una tradición que forma parte de sus familias. Para otros, de encontrar un espacio de oración frente a una situación laboral o económica difícil.
En ese marco, Panebianco dejó una bendición para quienes no pudieron acercarse a las celebraciones y especialmente para aquellos que atraviesan dificultades. Pidió que el Señor acompañe a cada persona, le conceda paz y fortaleza en el amor y la fe, y especialmente que pueda contar con el trabajo necesario para vivir dignamente.
“Que el Señor les muestre su rostro, los bendiga, les conceda la paz, los fortalezca en el amor y en la fe y les dé todo lo que necesitan, especialmente el trabajo para vivir dignamente”, expresó antes de impartir la bendición.
En una comunidad que acaba de iniciar una nueva etapa pastoral, las palabras del sacerdote encuentran así un escenario concreto: una ciudad donde la fe continúa expresándose en las calles, en las parroquias y en cada vecino que se acerca a una imagen para agradecer, pedir y seguir confiando.
