Franz Hortmann, el hombre que dedicó medio siglo de su vida a la Parroquia San José
Franz es nombrado ministro de la eucaristía por el Obispo Diocesano Romulo García, el padre Francisco Raúl Peñalva en 1974. Lo acompaña el padre Antonio Rybar (izquierda)
En el marco de los 140 años de la Parroquia San José, las grandes fechas y los nombres de los sacerdotes históricos conviven también con las historias anónimas de quienes sostuvieron la vida cotidiana del templo durante décadas. Entre ellas aparece la de Franz Hortmann, un inmigrante alemán que llegó a Balcarce en 1950 y terminó convirtiéndose en una figura inseparable de la parroquia.
Su hija, Carmen Hortmann, dialogó con El Diario y repasó la vida de su padre: un recorrido atravesado por la guerra, la migración, el trabajo silencioso y una dedicación absoluta a la iglesia local.
DE ALEMANIA A ROMA, ESCAPANDO DE LA GUERRA
Franz Hortmann nació el 27 de enero de 1908 en Alemania. Era sastre de profesión y, según recuerda Carmen, dejó su país en los años previos a la Segunda Guerra Mundial para ir a Roma. En Italia trabajó en una congregación religiosa confeccionando vestimentas para sacerdotes. Su oficio de sastre le permitió mantenerse mientras Europa atravesaba uno de los períodos más oscuros de su historia.
"Cuando terminó la guerra quiso volver a Alemania, pero no pudo, entonces terminó quedándose", relató Carmen. A través de aquella misma congregación religiosa fue contactado con otra institución ubicada en Pilar, Argentina. Allí conoció al padre Germán Lips, sacerdote con quien forjaría una relación decisiva para su futuro.
LA LLEGAD A
BALCARCE
El 15 de marzo de 1950 Franz Hortmann llegó a Balcarce. Fue el propio padre Lips quien le consiguió trabajo en la Parroquia San José. "En aquella época le decían sacristán, pero hacía muchísimo más que eso", recordó su hija.
La descripción que hace Carmen permite imaginar el enorme trabajo cotidiano que implicaba mantener en funcionamiento una parroquia de semejante magnitud en tiempos donde no existían las estructuras actuales.
"Hacía la secretaría, preparaba las misas, limpiaba la iglesia, acomodaba todo. Pasaba gran parte del día ahí", contó.
Durante décadas, Hortmann se convirtió en una presencia permanente dentro del templo. Los vecinos lo veían detrás de la secretaría parroquial, organizando ceremonias o realizando tareas de mantenimiento.
Con el tiempo, aquella dedicación también encontró reconocimiento formal: en 1974 fue nombrado ministro extraordinario de la Eucaristía de la Parroquia San José.
UNA VIDA ENTERA
AL SERVICIO DE LA PARROQUIA
La historia de Franz Hortmann quedó íntimamente ligada a distintas etapas de la vida parroquial de Balcarce. Su hija recuerda los tiempos de Monseñor Nicasio Durán, los años de transición posteriores y el paso de distintos sacerdotes que marcaron época dentro de la comunidad.
Aunque muchas veces su tarea quedaba invisibilizada, su presencia era constante. "Mientras pudo caminar, iba todos los días. Aunque ya estaba jubilado, seguía ayudando, preparando las misas y haciendo cosas en la parroquia", recordó Carmen.
La dedicación física también tuvo consecuencias. Según relató, durante años debió mover pesadas estructuras y elementos que se utilizaban antiguamente en ceremonias religiosas y velatorios dentro de la iglesia.
"Antes los velatorios se hacían ahí y había que mover macetas enormes, palmeras y distintas cosas muy pesadas. De tanto esfuerzo le salió una hernia", contó.
UN HOMBRE
HIPERACTIVO Y
MUY QUERIDO
Mientras reconstruye recuerdos, Carmen sonríe al describir la personalidad de su padre. "No sé cómo hacía todo lo que hacía. Era hiperactivo", dijo. Su rutina transcurría prácticamente dentro de la parroquia.
En tiempos donde muchas tareas dependían exclusivamente del compromiso personal, Hartmann se convirtió en una pieza fundamental para el funcionamiento cotidiano de San José. "Ahora hay varias personas para hacer lo mismo. Él hacía todo solo", resumió.
Esa entrega absoluta también formó parte de la vida familiar. Carmen recuerda discusiones en su casa por los bajos salarios que recibía su padre pese a la enorme cantidad de trabajo que realizaba. Sin embargo, nunca dejó la parroquia.
LA FAMILIA Y EL
VÍNCULO CON EL
COLEGIO
PARROQUIAL
La relación de los Hortmann con la comunidad parroquial continuó también a través de Carmen, quien fue docente del Colegio Parroquial durante muchos años. "Entré apenas me recibí y estuve hasta 1991", recordó.
Más adelante continuó trabajando en la educación pública, aunque nunca se desligó completamente de la vida de la iglesia. Actualmente colabora con Cáritas y participa del tradicional "roperito" solidario junto a otros voluntarios. "No estoy tan metida en grupos parroquiales, pero sigo ayudando", explicó.
UN SIGLO DE VIDA
Franz Hortmann falleció el 18 de abril de 2008, apenas unos meses después de haber cumplido 100 años. "Llegó a los cien muy bien. Los últimos años estuvo más complicado, pero hasta muy grande seguía yendo para todos lados", recordó Carmen.
Su historia resume también parte de la historia de la inmigración europea en Balcarce: hombres y mujeres que llegaron escapando de las guerras y encontraron en la ciudad una posibilidad de reconstruir sus vidas. En el caso de Hartmann, ese nuevo comienzo quedó definitivamente unido a la Parroquia San José.
RELATOS PEQUEÑOS QUE CONSTRUYEN UNA HISTORIA GRANDE
A 140 años de la inauguración del histórico templo, la vida de Franz Hortmann aparece como una de esas historias silenciosas que muchas veces no figuran en los documentos oficiales, pero que forman parte esencial de la memoria colectiva de la comunidad.
Durante medio siglo abrió puertas, preparó ceremonias, acomodó bancos, limpió pisos, organizó celebraciones y acompañó la vida cotidiana de generaciones enteras de balcarceños.
Sin grandes reconocimientos públicos ni protagonismos, terminó convirtiéndose en una figura entrañable para quienes crecieron viendo su presencia permanente dentro de la parroquia.
Porque la historia de San José no solo se construyó con fechas, obispos o inauguraciones. También se sostuvo gracias a personas como Franz Hortmann, que hicieron de la iglesia prácticamente su propia casa.
