Cierre histórico en Ramos Otero por los 50 años de la capilla
Enero volvió a marcar el calendario espiritual y comunitario de los parajes del Partido con una nueva edición de las Misiones Rurales, una tradición que Balcarce sostiene desde hace más de cuatro décadas. Luego de las experiencias concretadas en Bosch y Villa Laguna Brava, el cierre tuvo este año un tono especial: Ramos Otero celebró los 50 años de su capilla María Reina de la Paz, con una jornada cargada de fe, memoria y encuentro popular.
En su balance, el párroco Pablo Etchepareborda había señalado que las misiones se construyen “en lo simple”: caminar, saludar, entrar a las casas, escuchar, compartir una oración, bendecir y acompañar. Esa dinámica se repitió también en esta última etapa, con equipos integrados por jóvenes y adultos que recorrieron el pueblo y visitaron vecinos, fortaleciendo una presencia pastoral que en el ámbito rural adquiere un valor particular.
RECORRIDAS Y ACOMPAÑAMIENTO EN LOS PARAJES
La misión, como en las instancias previas, se apoyó en el contacto directo: puertas abiertas, mates, charlas y escucha, en una geografía donde la Iglesia no siempre está “a mano” y la fe suele vivirse en la intimidad de cada hogar.
En Bosch y Villa Laguna Brava Etchepareborda había destacado la respuesta creciente de los vecinos y el modo en que, año tras año, “la gente se va abriendo y participando más”. En esa misma línea, el cierre en Ramos Otero mostró una comunidad movilizada, comprometida y orgullosa de su historia.
UNA PROCESIÓN MULTITUDINARIA CON MÁS DE 50 JINETES
La jornada central se vivió con especial emoción cuando se realizó una procesión que comenzó alrededor de las 19, con vecinos caminando y peregrinos a caballo que acompañaron el recorrido.
En un dato que le dio fuerza simbólica a la celebración, se superó el número de 50 jinetes, un guiño directo al aniversario de la capilla y al “desafío” que el propio Etchepareborda había mencionado en la previa: que hubiera al menos un caballo por cada año de historia.
Durante la procesión se llevó la imagen de “María Reina de la Paz”, en un clima de recogimiento y celebración popular, con participación activa de la comunidad.
MISA PRESIDIDA POR EL OBISPO ERNESTO GIOBANDO
Luego del recorrido, se celebró la misa, que comenzó aproximadamente a las 21 horas, encabezada por el obispo de la Diócesis de Mar del Plata, Ernesto Giobando, junto al párroco Pablo Etchepareborda y con el acompañamiento del diácono Agustín Corral.
La celebración tuvo un carácter especial por tratarse de una acción de gracias por los 50 años de presencia evangelizadora de la capilla en Ramos Otero, un espacio que, según el propio Etchepareborda, se convirtió con el tiempo en referencia espiritual y comunitaria para la localidad.
PLACA RECORDATORIA Y RECONOCIMIENTO A LAS FAMILIAS FUNDADORAS
En el marco del aniversario se realizó también el descubrimiento de una placa recordatoria y se llevó adelante un reconocimiento a los hijos de quienes impulsaron la fundación de la capilla, en un gesto que vinculó pasado y presente y que puso en valor el esfuerzo colectivo sostenido a lo largo de medio siglo.
Etchepareborda suele remarcar que, en los parajes, la vida comunitaria se sostiene gracias a personas que “hacen y empujan” incluso sin visibilidad. Ramos Otero, en ese sentido, mostró una identidad marcada por el trabajo y la pertenencia.
FESTIVAL CAMPERO, BAILES Y UN CIERRE COMPARTIDO
Tras la misa, la celebración continuó con un festejo campero, que incluyó bailes tradicionales y un clima familiar, donde lo religioso y lo comunitario se enlazaron como parte de una misma jornada.
Además, la comunidad acompañó con donaciones: vecinos aportaron corderos y lechones, que se compartieron durante el encuentro, reforzando el espíritu solidario y de mesa abierta que suele caracterizar este tipo de celebraciones rurales.
Con el final del festival, la jornada fue cerrando de manera natural: “terminó la fiesta y cada uno regresó a su hogar”, en una imagen simple que sintetizó el sentido del encuentro.
UN CIERRE QUE DEJÓ HUELLA
El cierre de las Misiones Rurales no fue solo un final de agenda: fue, para Ramos Otero, una manera de reafirmar su historia, agradecer el camino recorrido y proyectar hacia adelante una comunidad que sigue cuidando su capilla como lugar de fe, identidad y pertenencia.
En palabras que Etchepareborda había dejado como síntesis del espíritu misionero, la misión “deja semilla”, porque los grupos llevan alegría, la contagian y también la reciben. En Ramos Otero, esa semilla se vio en el camino, en los rezos, en la procesión y en la mesa compartida: una celebración de pueblo, de capilla y de comunidad.
