"Esta comunidad me ayudó a redescubrirme como hijo amado de Dios"
En pocos días, Agustín Corral vivirá uno de los momentos más trascendentales de su vida: será ordenado sacerdote el próximo 6 de febrero a las 19 horas en la Iglesia Catedral de Mar del Plata, en una ceremonia que marcará un antes y un después en su camino vocacional.
La noticia trae alegría para la comunidad católica, pero también un sentimiento inevitable de despedida para Balcarce, ciudad donde Corral desarrolló una etapa pastoral intensa y profundamente significativa. Su nueva misión lo llevará a continuar su servicio en Mar del Plata, precisamente en la Catedral, donde ejercerá como sacerdote por primera vez.
"Tiempos importantes, un paso importante… si no los más importantes de mi vida, más allá del bautismo, la ordenación sacerdotal", expresó con emoción al contar que compartirá la ordenación con Leonardo, otro diácono de la diócesis.
DE NECOCHEA AL LLAMADO VOCACIONAL
Agustín Corral tiene 27 años, es oriundo de Necochea e hijo de Gustavo y Griselda, el menor de cuatro hermanos. Su historia dentro de la Iglesia se construyó desde temprano, con una participación constante aunque, como él mismo reconoce, con el estilo natural de un joven común.
"Mis papás siempre muy presentes en la Iglesia y yo con ida y vuelta… pero siempre en la catequesis, como monaguillo, en grupo de jóvenes", recordó.
Tras finalizar el secundario, inició el profesorado de música, y como cualquier joven tenía proyectos y sueños. Sin embargo, en ese recorrido fue descubriendo algo que se repetía: aquello que más le llenaba el corazón estaba ligado a la vida parroquial.
"Buscaba lo que todos: ser feliz. Estudiando música era feliz… pero mi corazón se llenaba cuando estaba en la parroquia", relató. Ese contraste interior -entre lo que le gustaba y lo que lo colmaba- fue sembrando preguntas y abriendo el camino a una vocación que no llegó de golpe, sino de manera paulatina.
Acompañado por directores espirituales, familia y amigos "de adentro y de afuera de la Iglesia", fue confirmando lo que hoy define con claridad: "Soy feliz en esto. Encuentro paz, con las dificultades y tristezas del momento, pero realmente soy feliz acá".
Consultado sobre la reacción familiar, Corral explicó que, aunque sus padres son creyentes y comprometidos, el anuncio siempre despierta emociones diversas, especialmente porque el sacerdocio es un camino poco conocido para la mayoría.
"En mis papás hubo mucha alegría… lo venían viendo, yo estaba mucho tiempo en la parroquia. Más allá de los miedos propios de un camino que se desconoce", contó.
Con el paso del tiempo, esa alegría fue creciendo a medida que su familia comprendía que él seguía siendo el mismo Agustín, con nuevas responsabilidades pero con la misma esencia.
En el caso de sus hermanos, reconoció que el proceso fue variado, según la cercanía de cada uno con la Iglesia, pero finalmente el acompañamiento llegó con fuerza: "Hoy me acompañan y se alegran junto conmigo por la ordenación".
"DUDAS HUBO TODOS LOS DÍAS"
Lejos de romantizar el camino, Corral habló con sinceridad sobre un aspecto clave de toda vocación: las dudas. "Todos los días, gracias a Dios. Si no hubiera habido dudas, no hubiera sido un camino de seguir eligiendo", dijo con una mezcla de humor y profundidad.
Incluso bromeó sobre las pequeñas crisis cotidianas: "Cada mañana cuando me tenía que levantar a las 7 para ir a misa dudaba, entraba en crisis". Sin embargo, destacó que esas dudas convivieron con momentos de gran certeza, consolación y paz interior, que fueron confirmando el llamado y sosteniéndolo hasta este paso definitivo.
BALCARCE, UN LUGAR PARA APRENDER A SER PASTOR
El anuncio del traslado genera impacto en Balcarce porque Agustín Corral no pasó inadvertido: su trabajo, cercanía y compromiso con la comunidad -y especialmente con los jóvenes- lo convirtieron en una figura muy querida.
En su testimonio, definió su paso por la ciudad como una experiencia decisiva. Después de seis años de seminario con fuerte enfoque en oración y estudio, Balcarce fue el espacio donde comenzó a vivir de forma concreta lo pastoral. "Fue el primer destino donde uno se siente un poco más pastor", explicó. Pero además, reveló una dimensión íntima de esa experiencia: el sentirse acogido, cuidado y acompañado por la comunidad.
"Fue un lugar en el que yo me sentí muy hijo. Muy hijo de la comunidad, muy cuidado… y me hizo redescubrir el sentirme hijo de Dios", afirmó. Y remarcó un concepto que, para él, es esencial: "Después voy a ser cura, pero primero soy hijo de Dios". En ese sentido, agradeció lo vivido en Balcarce como una escuela humana y espiritual: acompañar dolores profundos, sostener situaciones difíciles, caminar con personas en crisis, y también celebrar los logros y alegrías de la gente.
UNA HUELLA FUERTE EN LA JUVENTUD
Uno de los puntos más destacados del paso de Corral por Balcarce fue el impulso dado a la vida juvenil dentro de la Iglesia, con una participación creciente y un movimiento que cobró fuerza.
Él, sin embargo, se mostró humilde y aclaró que fue un trabajo colectivo: "Cuando llego ya había un lindo movimiento de jóvenes… y después fue trabajo en conjunto". En sus palabras, la tarea sacerdotal está en acompañar, escuchar y motivar, pero el motor cotidiano de la pastoral son los laicos comprometidos:
"Hay un montón de laicos que se comprometen con los jóvenes… esos son los que realmente hacen la diferencia". Aun así, reconoció que su vínculo con la juventud fue especialmente significativo: "Los jóvenes me han hecho mucho bien… ha sido algo muy lindo para el corazón".
LA FE EN ESTOS
TIEMPOS: "PONER A DIOS EN EL CENTRO"
Consultado por la religiosidad actual y el alejamiento de la gente de la Iglesia, Corral propuso una mirada esperanzadora: entiende que hay un retorno a la búsqueda espiritual. "Está saliendo la frase de que está de moda volver a creer en Dios… a mí me gusta quedarme con esa lectura: estamos en un momento en que la gente está volviendo", señaló.
Para él, más allá de modas o tendencias, hay una necesidad profunda que emerge: la gente vuelve a sentir que necesita a Dios. Y la Iglesia, sostuvo, debe responder con claridad y sencillez. "La gente necesita a Dios y si ponemos a Dios en el centro, la gente va a venir", afirmó.
Incluso mencionó ejemplos concretos, como las misas por enfermos y afligidos, donde observa una fuerte convocatoria: "Los templos se llenan en ese momento porque la gente necesita de Dios". Su mensaje final fue claro: la Iglesia no debe "inventar" estrategias vacías, sino ofrecer lo esencial: "Regalarle a la gente a Dios. No tenemos otra cosa".
UNA DESPEDIDA CON GRATITUD Y ORACIÓN
Por último, Agustín Corral agradeció el acompañamiento recibido y pidió especialmente oraciones por esta nueva etapa. "Me encomiendo mucho a sus oraciones en este paso importante… y en este nuevo destino", expresó.
Y dejó una frase que resume el vínculo afectivo que construyó con Balcarce: "Sigo rezando mucho por Balcarce, por esta familia que me regaló Balcarce". Su deseo final fue una bendición para toda la ciudad: "Rezo mucho para que toda persona que vive en Balcarce pueda descubrirse realmente como un hijo amado de Dios".
