Las raíces que nunca se olvidan: la historia del padre Ezequiel Kseim
Nació y creció en nuestra ciudad, entre juegos en la calle, tardes en el cerro El Triunfo y los valores transmitidos por su familia. En diálogo con El Diario, el padre Ezequiel Eduardo Kseim repasó su historia, su vocación sacerdotal y una vida dedicada al acompañamiento de comunidades, al estudio del Derecho Canónico y al servicio de los demás, sin perder nunca el vínculo con el paisaje serrano que marcó sus raíces.
UNA INFANCIA ENTRE CALLES, BICICLETAS Y RECUERDOS QUE PERMANECEN
Hay lugares que uno nunca termina de abandonar. Quedan en la memoria, en los relatos que se repiten con una sonrisa y en esas pequeñas escenas que explican quiénes somos. Para el padre Ezequiel Eduardo Kseim, ese lugar es Balcarce.
Nacido el 26 de octubre de 1976, hijo de Nilda Giletto Lazzaro e Ismael Eduardo Kseim, su historia comenzó en una ciudad que todavía guarda para él la imagen de una infancia tranquila, compartida y llena de vínculos.
Hizo el jardín de infantes frente al cerro El Triunfo, la primaria en la Escuela N° 4 y luego continuó sus estudios secundarios en la Escuela de Enseñanza Media N°1. Al mirar hacia atrás, aparecen recuerdos simples, pero profundamente significativos.
"Los recuerdos son los más lindos, sobre todo poder caminar libremente por la ciudad, jugar con los amigos del barrio sin problemas y hasta altas horas, sobre todo en verano, en la vereda", recuerda en diálogo con El Diario.
En esa postal aparecen los bulevares, la plaza Libertad, la placita de los Bomberos que estaba junto a la escuela, las bicicletas recorriendo cada rincón y las tardes familiares en el cerro El Triunfo o en El Cruce, lugares de encuentro para muchas familias balcarceñas.
Fue una infancia compartida junto a sus hermanos Mauricio y Maríanela, siendo él el mayor de los tres. Una etapa donde, según reconoce, comenzaron a construirse los valores que luego serían fundamentales en su camino.
LA FAMILIA COMO PRIMER LUGAR DE fORMACIÓN
Antes de cualquier elección de vida, hubo una enseñanza cotidiana. Para Ezequiel, la vocación sacerdotal no apareció como un momento aislado, sino como una semilla que fue creciendo a partir de las personas que lo rodearon. "Creo que las personas que despertaron mi vocación sacerdotal fueron todas las personas más bondadosas que tuve cerca: abuelos, tíos, personas queridas que fueron despertando los valores", explica.
En esa construcción ocupa un lugar central su familia. La honestidad, la importancia de decir la verdad, ayudar al otro y estar cerca de quien lo necesita fueron pilares que, con el paso del tiempo, terminaron vinculándose con su llamado. "La familia es el primer seminario, el primer lugar de formación", sostiene.
Más adelante llegarían también otros acompañamientos importantes, como el del padre Eduardo Torre, quien era vicario en la Parroquia San José y tuvo un rol importante durante la búsqueda de su vocación. Las experiencias pastorales fueron marcando el camino. Entre ellas, destaca especialmente las misiones rurales, donde descubrió el valor de compartir la fe y acompañar la vida de las personas.
"El ir y misionar, compartir quién es Cristo con otros, compartir la palabra, salir enriquecido por la visita y descubrir cómo se siembra y crece la palabra y el Reino de Dios en los corazones fue una experiencia muy fuerte", cuenta. También recuerda los grupos juveniles, los retiros espirituales y los espacios de formación que alimentaban una inquietud que con el tiempo se transformaría en una decisión.
EL LLAMADO AL SACERDOCIO
El 4 de marzo de 1996 ingresó al Seminario Mayor San José, donde estudió Filosofía y Teología. Fue ordenado diácono el 2 de agosto de 2003 en la Parroquia San José de Balcarce y sacerdote el 25 de marzo de 2004 en la Iglesia Catedral de Mar del Plata. Desde entonces, su ministerio estuvo ligado a distintas comunidades de la ciudad vecina.
Sus primeros años fueron en la Catedral como vicario. Luego, en 2006, asumió como párroco en San Benedetto, donde permaneció hasta 2012. Fue una etapa de aprendizaje profundo: conocer barrios, acompañar familias, administrar una parroquia y descubrir nuevas realidades.
Después llegó la Parroquia Medalla Milagrosa, extensa con doce comunidades y una población similar a la de Balcarce. "Me imaginaba eso, una ciudad como Balcarce en todos esos barrios", recuerda. Allí encontró otra forma de vivir la pastoral comunitaria, acompañando distintas realidades sociales y fortaleciendo el trabajo junto a los laicos.
En 2018 asumió en la Parroquia Jesús Obrero, detrás del Estadio Mundialista, donde además tuvo un fuerte vínculo con la educación al desempeñarse como representante legal de un colegio parroquial con alrededor de 1.500 alumnos.
"Fue un desafío entrar en el mundo de la educación, acompañar a las familias, a los docentes y a todo el personal del colegio", señala. Desde 2024 está nuevamente en la Iglesia Catedral de Mar del Plata como párroco, en una comunidad con una dinámica particular por su carácter de santuario.
UNA IGLESIA QUE ESCUCHA Y ACOMPAÑA
La Catedral, explica Kseim, es un lugar donde permanentemente llegan personas buscando una palabra, una oración o simplemente alguien que las escuche. "Siempre va a haber gente. Sea que estés caminando, que te pidan una bendición, una oración por alguien, una imposición de manos, o que te muestren en el celular la foto de un familiar para que reces", describe.
Esa cercanía con las personas también estuvo presente en cada una de las comunidades donde estuvo, especialmente frente a las dificultades sociales. Durante sus años como párroco acompañó distintos espacios de ayuda, como desayunos, servicios para personas en situación de calle y la Noche de la Caridad.
Pero para él, el objetivo no es solamente entregar una ayuda material, sino generar un vínculo. "Cuando vas por la calle ya no los ignorás, les sabés el nombre. Eso es importante. Ya no son invisibles", reflexiona. En ese trabajo destaca especialmente la presencia de los laicos, quienes se suman para cocinar, organizar y acompañar. "Jamás han faltado manos ni los víveres necesarios para hacerlo", asegura.
EL DERECHO CANÓNICO, OTRA FORMA DE SERVICIO
Su camino también tuvo otra dimensión: la formación jurídica dentro de la Iglesia. En 2011 obtuvo la Licenciatura en Derecho Canónico en la Pontificia Universidad Católica Argentina y actualmente continúa vinculado al estudio del área, incluso con su doctorado en curso.
Para él, el Derecho Canónico no es solamente una cuestión de normas, sino una herramienta de acompañamiento. "Lo que amo del derecho es el servicio pastoral que tiene y el servicio a la comunión de la Iglesia", explica.
Actualmente trabaja en los tribunales eclesiásticos de Mar del Plata y de la Arquidiócesis de La Plata, además de desempeñarse como docente en la Escuela de Teología. Una parte importante de su tarea está relacionada con los procesos de nulidad matrimonial, aunque también participa en otras causas, entre ellas vinculadas a la protección de niños y adultos vulnerables dentro de la Iglesia.
Forma parte además del Consejo Nacional de Protección de abusos de niños y adultos vulnerables de la Conferencia Episcopal Argentina. Pero dentro de esa tarea también hay historias luminosas, como las causas de canonización. En ese ámbito participó del proceso del milagro del cardenal Pironio y actualmente fue designado postulador de su causa de canonización.
"BALCARCE ES MI VIDA"
Aunque su vida transcurrió principalmente en Mar del Plata, hay un lugar al que siempre vuelve. "Balcarce es mi vida, soy balcarceño y siempre lo defiendo. Amo Balcarce, amo las sierras, el paisaje serrano es mi paisaje preferido", afirma.
Durante años mantuvo la costumbre de regresar a la ciudad cada semana. El camino de vuelta también forma parte de esa conexión. "Disfruto del camino y de llegar", cuenta. Allí permanecen su familia, sus amistades y los vínculos construidos durante toda una vida. "Seguimos siempre en contacto con todos mis compañeros de escuela, por grupos de WhatsApp y a veces también reuniéndonos. Eso es muy lindo", dice.
UN MENSAJE PARA QUIENES BUSCAN SU CAMINO
Al final de la charla, Ezequiel deja una reflexión especialmente dirigida a los jóvenes. "Que se animen a ser ustedes mismos, que miren a su corazón, que sean auténticos, transparentes y que sean felices. Ese es el sueño de Dios para cada uno de nosotros", expresa. Para él, cada persona tiene un propósito que puede descubrirse desde el silencio y la búsqueda interior.
"Problemas, dificultades y tristezas siempre va a haber en la vida. Pero cuando hacemos realmente lo que amamos, cuando encontramos aquello que nos plenifica, esas cosas no tienen el mismo sabor amargo", sostiene. Y resume su mensaje en una idea sencilla, pero profunda: vivir con plenitud y poner el alma en aquello que cada uno elige hacer.
Como hace más de dos décadas, Ezequiel Kseim continúa recorriendo ese camino. Un camino que nació en las calles de Balcarce, entre amigos, familia y sierras, y que hoy sigue marcado por el mismo principio que aprendió de chico: estar cerca del otro.
