Homenaje a Malvinas y plantación de un árbol con sentido colectivo
La tercera edición de la Nordic Race Balcarce, desarrollada en el cerro "El Triunfo", no solo reunió a deportistas y aficionados de distintos puntos del país, sino que también dejó un fuerte mensaje de memoria, conciencia y comunidad. En una mañana atravesada por el deporte y el aire libre, hubo espacio para el homenaje a los Veteranos de Guerra de Malvinas y para una acción simbólica que busca perdurar en el tiempo: la plantación de un árbol en el marco de los festejos por los quince años de la Escuela Argentina de Marcha Nórdica.
El ingeniero Iván Cuenca, integrante de la Asociación de Ingenieros Agrónomos de Balcarce y referente en materia de arbolado público, fue el encargado de llevar adelante la plantación de un ejemplar de aguaribay, una especie nativa también conocida como "pimienta rosa", elegida por su resistencia a las condiciones climáticas y su capacidad de adaptación. La iniciativa se enmarcó en una propuesta más amplia que vincula el cuidado ambiental con la construcción de memoria colectiva.
La jornada tuvo además un momento de profunda emoción con el homenaje a los caídos y veteranos de la Guerra de Malvinas. Se recordó el hundimiento del crucero ARA General Belgrano, ocurrido el 2 de mayo de 1982 fuera del área de exclusión, hecho que dejó 323 fallecidos y marcó un punto de inflexión en el conflicto bélico. En ese contexto, se convocó a un minuto de silencio en memoria de los 649 caídos y de aquellos excombatientes que fallecieron con posterioridad a la guerra.
Durante el acto, se destacó la presencia de veteranos locales, entre ellos Daniel Cucci, Marcelo Forte, Teodoro Asín y José Alberto Muracioli, quienes fueron reconocidos con un cerrado aplauso por parte del público presente. La organización de la Nordic Race, a cargo del grupo Haciendo Senderos y la Escuela de Marcha Nórdica Argentina, reafirmó así una tradición de años: integrar el deporte con el respeto y el homenaje.
UN ÁRBOL COMO
SÍMBOLO
La plantación del aguaribay no fue un gesto aislado, sino una acción cargada de significado. Cuenca, quien viene impulsando este tipo de iniciativas en instituciones educativas y espacios públicos, destacó el valor profundo de plantar un árbol, no solo desde lo ambiental sino también desde lo simbólico.
Explicó que los árboles cumplen un rol clave en la regulación del clima, la absorción de dióxido de carbono y la generación de oxígeno, además de contribuir a mitigar el impacto del calentamiento global y mejorar la calidad de vida en las ciudades. También subrayó su capacidad para generar bienestar: "Los árboles nos dan paz, tranquilidad, hay una conexión con ellos que es parte de nuestra propia evolución como seres humanos", transmitió durante su intervención.
En ese marco, propuso una dinámica participativa que ya ha implementado en escuelas: invitar a los presentes a escribir un deseo y colocarlo en el pozo donde se plantaría el árbol. La consigna, sencilla pero significativa, apuntó a reforzar el compromiso colectivo con el cuidado del ejemplar y a dotarlo de un valor emocional que trascienda el momento.
La respuesta fue inmediata. Adultos y jóvenes se acercaron a dejar sus mensajes, en una escena que combinó emoción, esperanza y sentido de pertenencia. "Así como los chicos piden deseos, los grandes también los tenemos", señaló Cuenca, remarcando que ese gesto se convierte en un motivo más para cuidar el árbol a lo largo del tiempo.
COMUNIDAD Y MEMORIA
La Nordic Race volvió a consolidarse como una propuesta que va más allá de lo deportivo. Con participantes llegados desde Balcarce, Mar del Plata, La Plata, Mendoza y otras localidades, la competencia también sirvió para celebrar los 15 años de la Escuela de Marcha Nórdica, una disciplina que ha crecido sostenidamente en la ciudad.
En ese contexto, la combinación de actividad física, contacto con la naturaleza y acciones simbólicas como el homenaje a Malvinas y la plantación del árbol configuran una identidad propia para el evento, que apuesta a generar experiencias integrales.
El aguaribay plantado en el cerro "El Triunfo" quedará ahora como un testimonio vivo de esta edición: un árbol resistente, adaptado al viento y al frío, que con el paso del tiempo crecerá junto a los recuerdos, los deseos y la memoria de una comunidad que, una vez más, eligió reunirse para compartir mucho más que una competencia.
