Sentí que volvía a nacer": la historia de Romina Barreiro, entre la enfermedad, la fe y una nueva forma de vivir
Hay historias que conmueven no solo por lo que cuentan, sino por la fuerza con la que fueron vividas. La de Romina Barreiro es una de ellas. Mamá de dos hijos, su vida cambió de manera abrupta en cuestión de horas, cuando lo que debía ser uno de los momentos más felices -el nacimiento de su bebé- se convirtió en el inicio de una lucha inesperada.
"Me enteré el 29 de abril del 2024. A mí me habían dado el alta el día anterior, después de una cesárea complicada. Cuando llegué a casa casi no podía mover las piernas, pero me decían que era normal por haber estado tanto tiempo acostada. En cuestión de horas todo empeoró", recuerda en diálogo con El Diario.
La preocupación creció rápidamente y su familia decidió trasladarla nuevamente a una clínica en Mar del Plata. Allí quedó internada y, al día siguiente, llegó el diagnóstico: síndrome de Guillain-Barré.
"Yo jamás había escuchado hablar de esta enfermedad. Me explicaron que es un trastorno autoinmune grave en el que el propio cuerpo ataca los nervios. En mi caso avanzó muy rápido y afectó la respiración, por lo que tuvieron que intubarme y hacerme una traqueostomía", cuenta.
UNA LUCHA EN
SILENCIO
Lo que siguió fue un proceso tan duro como transformador. Terapia intensiva, inmovilidad total, imposibilidad de hablar y una lucidez constante que, por momentos, se volvía insoportable.
"No fue fácil. Hubo un punto en el que sentí que no podía más, que estaba agotada. Llegué a pedir que me desconectaran. Estar lúcida desde el primer día a veces era lo peor, porque veía cómo el tiempo pasaba para todos menos para mí", confiesa.
A ese escenario se sumaba un dolor aún más profundo: la distancia de sus hijos en un momento clave. "Estar lejos de ellos fue durísimo. Pero también fueron mi motor. Yo sentía que tenía una oportunidad de volver a nacer y que tenía que aprovecharla. Lo único que quería era tiempo, tiempo para estar con ellos y disfrutarlo", dice.
EL SOSTÉN
INVISIBLE
En medio de esa tormenta, hubo algo que nunca faltó: el amor. "La fe y el amor de mi marido, de mis hijos, de mi familia, de mis amigos y de toda la comunidad fueron fundamentales. Sentí mucho acompañamiento y eso fue clave para no rendirme", asegura.
Ese sostén emocional fue el que le permitió empezar, poco a poco, a reconstruirse desde adentro. "En algún momento entendí que no podía dejar que mi mente me ganara. Tenía que confiar en mí, creer que podía salir adelante. No fue de un día para el otro, fue un proceso", explica.
APRENDER A VIVIR
DE OTRA MANERA
La experiencia dejó secuelas físicas, pero también una transformación profunda en su forma de ver la vida. "Hoy valoro todo. Lo que me pasó fue una manera de entender que está bien no poder con todo, que hay que poner límites. Pero si tengo que elegir algo puntual, es el tiempo con mis hijos. Disfrutar cada momento, atesorarlo", afirma.
En ese camino, Romina comenzó a incorporar herramientas que la ayudaron a atravesar el proceso y que hoy forman parte de su vida cotidiana.
"Realicé un instructorado en mindfulness y eso me dio muchas herramientas para conectarme con el presente. Entendí que hay cosas que no podemos cambiar, pero sí la actitud con la que las enfrentamos. En mi caso, meditar, respirar conscientemente, conectarme con la naturaleza o simplemente caminar descalza en el pasto son cosas que me ayudan. No es fácil, es un proceso y tiene altibajos, pero está bien que así sea", reflexiona.
UN MENSAJE PARA TODOS
Con la autoridad que le da su propia experiencia, Romina también se anima a dejar un mensaje para quienes atraviesan momentos difíciles.
"Lo importante es no juzgarnos y aceptar lo que nos toca vivir. Hay cosas que no podemos cambiar, pero sí cómo las enfrentamos. Y sobre todo, darnos mucho amor. Podemos tener mucho amor alrededor, pero si no tenemos amor propio, no alcanza", sostiene.
Y agrega: "Muchas veces nos quedamos atrapados en los 'por qué' y no siempre hay una respuesta. Pero sí hay un 'para qué', y eso depende de nosotros: qué hacemos con lo que nos pasa".
DE LA EXPERIENCIA AL LIBRO
Esa necesidad de transformar el dolor en algo más fue lo que la llevó a escribir "De regreso a mí", un libro donde narra su historia y el aprendizaje que dejó. "Lejos de costarme, escribir fue liberador. Poder poner en palabras todo lo que sentía, revivir momentos, leer mensajes, escuchar audios… fue movilizante, sí, pero también sanador", cuenta.
El proceso, asegura, estuvo cargado de emociones. "Hubo llanto, risas, de todo. Pero valió la pena atravesarlo. Me permitió conectar con muchas cosas y, sobre todo, transmitir un mensaje de resiliencia. Amé esta faceta, incluso animarme a creerme escritora".
La historia de Romina es, en definitiva, una historia de lucha, pero también de transformación. De esas que no niegan el dolor, pero lo resignifican. De las que recuerdan que incluso en los momentos más oscuros puede aparecer una nueva oportunidad. Y que, a veces, volver a empezar también es una forma de volver a vivir.
