Felipe Vilicich, el balcarceño que investiga para la NASA cómo puede sobrevivir la vida en condiciones extremas
Un investigador formado en Balcarce se encuentra actualmente trabajando en uno de los grandes interrogantes de la ciencia: cómo puede la vida sobrevivir en condiciones extremas. Se trata de Felipe Vilicich, licenciado en Biotecnología, egresado de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE) en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, quien desarrolla su doctorado en el Albert Einstein College of Medicine, en Nueva York y forma parte de un proyecto de investigación financiado por la NASA.
En diálogo con El Diario, Vilicich contó cómo llegó a formar parte de este equipo internacional y explicó los alcances de una investigación que combina biología, ciencia de datos e inteligencia artificial.
"Entré a un programa de doctorado en una universidad que se llama Albert Einstein College of Medicine, acá en Nueva York y me uní al laboratorio del Dr. Chang, que se dedica a estudiar cómo los seres vivos sobreviven al estrés extremo, como radiación gamma, calor y desecación", relató.
Fue en ese ámbito donde apareció la posibilidad de acceder a una de las becas que otorga la NASA a través de su Departamento de Exobiología, destinado a financiar investigaciones vinculadas con el origen, la evolución y la supervivencia de la vida.
Los tres equipos compitieron por una beca de 1,5 millones de dólares y lograron obtenerla en 2025.
"Este proyecto es parte de mi tesis doctoral y espero terminarlo este año", explicó el investigador balcarceño, que tiene a su cargo una parte central del trabajo: el análisis de los millones de datos obtenidos durante la investigación mediante herramientas de inteligencia artificial.
LA PREGUNTA QUE BUSCAN RESPONDER
El proyecto estudia microorganismos que viven en zonas áridas y que tienen una capacidad extraordinaria: pueden entrar en un estado de latencia cuando enfrentan condiciones extremas de calor y falta de agua, para luego recuperar su actividad cuando las condiciones mejoran.
Estas comunidades están formadas por bacterias, cianobacterias, algas, líquenes y hongos y cumplen funciones importantes en los ecosistemas.
"Son como una piel viviente esencial para el funcionamiento de nuestro ecosistema. Participan en el ciclo del dióxido de carbono, previenen la erosión y otorgan nutrientes esenciales al suelo", explicó Vilicich. El gran interrogante es qué mecanismos utilizan para soportar esas condiciones.
"Sabemos que tienen esta capacidad increíble de entrar en un estado durmiente para sobrevivir al calor y la desecación, pero no sabemos bien qué moléculas utilizan para lograrlo", señaló.
La hipótesis del equipo apunta a un grupo de proteínas especializadas que podrían proteger a las células durante esos períodos de estrés extremo.
INTELIGENCIA ARTIFICIAL PARA BUSCAR ENTRE MILLONES DE MOLÉCULAS
Es allí donde aparece el trabajo específico de Vilicich. Para encontrar las proteínas que podrían estar detrás de esta capacidad, tomó como referencia a otros organismos conocidos por sobrevivir en ambientes extremos.
"Dentro de la naturaleza hay ciertos organismos especiales, conocidos como extremófilos, que pueden sobrevivir en condiciones de muy baja o alta temperatura, falta de agua o expuestos a la radiación", explicó.
Uno de los ejemplos más conocidos es el tardígrado, un organismo microscópico que posee proteínas capaces de protegerlo frente a condiciones ambientales extraordinarias.
"Lo que hice fue tomar inspiración de estos organismos y entrenar mis propios algoritmos de inteligencia artificial para que aprendan a reconocer, entre millones de moléculas, cuáles se parecen más a esta clase de proteínas protectoras", contó.
De esta manera, el trabajo del balcarceño permite seleccionar entre enormes cantidades de información aquellos candidatos que luego pueden ser llevados al laboratorio para comprobar experimentalmente si efectivamente cumplen una función protectora.
UN DESCUBRIMIENTO QUE PODRÍA TENER APLICACIONES EN LA TIERRA Y EL ESPACIO
Aunque el proyecto tiene un fuerte vínculo con la exploración espacial, sus posibles aplicaciones van mucho más allá. "Entender cómo funciona esta habilidad de resistir condiciones extremas nos permite transferirla a otros sistemas de interés", explicó Vilicich.
Entre las posibilidades aparece el desarrollo de cultivos capaces de soportar mejor la sequía, algo especialmente relevante frente a los desafíos que plantea el cambio climático. También podrían surgir aplicaciones médicas para proteger células frente a determinados tipos de radiación.
Y, naturalmente, el conocimiento podría resultar clave para las futuras misiones espaciales, donde los organismos deberán enfrentarse a condiciones muy diferentes a las de la Tierra.
Además, el investigador considera que el estudio puede aportar una pieza más a una pregunta que la ciencia intenta responder desde hace décadas: cómo surgió la vida. "Dadas las condiciones que hubo en la Tierra primitiva, creo que este proyecto contribuye a entender un poquito mejor el origen de la vida en nuestro planeta", sostuvo.
EL ORGULLO DE REPRESENTAR A BALCARCE
Para Vilicich, el reconocimiento científico también tiene una dimensión personal. A miles de kilómetros de su ciudad de origen, el investigador continúa llevando consigo la formación recibida en Argentina.
"Para mí es un honor y estoy profundamente agradecido por las oportunidades que he recibido desde que llegué a Estados Unidos", expresó.
Y remarcó especialmente su orgullo por sus raíces: "Siempre voy a estar orgulloso de mi formación como científico argentino y espero que esto contribuya, aunque sea en una pequeña medida, a visibilizar el nivel académico en Argentina".
En ese sentido, destacó que el país cuenta con profesionales y científicos cuyo trabajo merece ser reconocido internacionalmente.
"Me gustaría que el talento y la formación científica de nuestro país sigan siendo reconocidos a nivel internacional, porque realmente lo merecen", concluyó el investigador balcarceño.
Su recorrido, desde la formación científica hasta integrar un proyecto de 1,5 millones de dólares financiado por la NASA, representa también una historia que conecta a Balcarce con uno de los ámbitos más avanzados de la investigación científica internacional.
