"Si le tocamos el corazón a una persona, nuestra labor está hecha"
Con una importante convocatoria de público y un clima de profundo recogimiento, se llevó a cabo una nueva edición de la tradicional Pasión Viviente en el anfiteatro del cerro El Triunfo. La propuesta, que año tras año convoca a decenas de vecinos en escena y a cientos de espectadores, volvió a consolidarse como uno de los momentos más significativos de la Semana Santa en la ciudad.
La obra, basada principalmente en la música de la "Pasión según San Juan" de Alejandro Mayol e integrada con otros fragmentos de composiciones vinculadas al mismo relato, ofreció una puesta cuidada en cada detalle, donde lo artístico y lo espiritual se entrelazaron de manera constante.
UN MENSAJE QUE INTERPELA
Tras la representación, el párroco Pablo Etchepareborda tomó la palabra frente al público y propuso una reflexión que atravesó el sentido de la noche: "Después de esta presentación, ¿qué hacemos ahora?", planteó, invitando a no quedarse solo con lo visto.
En su mensaje, advirtió sobre la presencia constante del mal en la vida cotidiana, pero destacó que "el único que pudo vencerlo fue Jesús", marcando el eje central de la Pascua. A partir de allí, llamó a no resignarse ante las dificultades y a sostener una actitud activa frente a la vida.
"La vida tiene que vencer siempre, el amor tiene que vencer siempre, la luz tiene que vencer siempre", expresó, en uno de los pasajes más significativos de su intervención.
El sacerdote propuso, además, que cada persona pueda identificar aquello que más la conmovió durante la representación: "Seguramente alguna palabra, algún gesto te tocó. No lo dejes pasar. Ahí el Señor te habló", sostuvo.
ELEGIR LA VIDA
En línea con el mensaje pascual, Etchepareborda remarcó la importancia de no caer en la indiferencia: "No te quedes en la mediocridad, andá buscando lo mejor", dijo, retomando el ejemplo de Jesús como guía.
El cierre estuvo marcado por una afirmación que sintetizó el espíritu de la celebración: "La vida vence a la muerte". Desde esa convicción, invitó a la comunidad a "elegir siempre la vida, el amor, la alegría, la solidaridad y la inclusión".
La reflexión culminó con una oración compartida junto al público, en un momento de fuerte carga simbólica que unió a todos los presentes en una misma expresión de fe.
UN TRABAJO COLECTIVO QUE SE REFLEJA EN ESCENA
Más allá de lo que se vio sobre el escenario, la Pasión Viviente es el resultado de un extenso trabajo comunitario que involucra a más de 70 personas en distintas áreas. Desde la actuación hasta la escenografía, el vestuario, la iluminación y la logística, cada detalle forma parte de una construcción colectiva.
La dirección estuvo a cargo de Raúl Garrido y Juan Pablo Lomónaco -quienes además interpretaron a Jesús y al apóstol Mateo, respectivamente- junto a Sebastián Peralta, consolidando un equipo que combina experiencia, compromiso y una fuerte impronta espiritual.
Durante las semanas previas, los ensayos no solo se centraron en lo técnico, sino también en la preparación interior de los participantes, con espacios de reflexión, oración y trabajo grupal que luego se traducen en escena.
UNA EXPERIENCIA QUE VA MÀS ALLÀ DE LO ARTISTICO
Uno de los rasgos distintivos de la propuesta es su búsqueda de profundidad. La representación no se limita a lo escénico, sino que apunta a transmitir un mensaje que interpela y moviliza.
La música, los gestos, la iluminación y la construcción de cada personaje están pensados no solo desde lo estético, sino también desde lo simbólico. Cada elemento tiene un sentido dentro del relato y contribuye a reforzar el mensaje central de la Pasión.
Esa intención se vio reflejada en la respuesta del público, que acompañó con atención y emoción cada momento de la obra.
AGRADECIMIENTOS Y RECONOCIMIENTO
Durante el cierre, el párroco también dedicó un extenso reconocimiento a todas las personas e instituciones que hicieron posible la realización del evento: desde el elenco y los equipos técnicos hasta las áreas municipales, comercios, instituciones educativas y medios de comunicación.
El agradecimiento incluyó especialmente a quienes sostienen año a año la organización, así como a los grupos de trabajo que intervienen en cada etapa del proceso.
"SI LE TOCAMOS EL CORAZÓN A UNA PERSONA, NUESTRA LABOR ESTÁ HECHA"
"Rau" Garrido expresó su profunda emoción en diálogo con El Diario tras la realización de la Pasión Viviente, destacando tanto lo vivido en escena como el impacto generado en el público. "Sigo muy emocionado", aseguró, al tiempo que contó que continúa recibiendo mensajes, fotos y muestras de cariño en redes sociales que lo hacen revivir lo ocurrido en el anfiteatro Saverio Bonazza. "La emoción perdura y creo que va a ser así por varios días", agregó.
"Rau" remarcó que esta edición tuvo un significado especial, no solo por encarnar por cuarto año consecutivo a Jesús, sino también por su rol en la coordinación general de la obra. "Este año se vivió de otra manera, desde otro lugar", explicó, destacando el trabajo compartido con todo el equipo. En ese sentido, subrayó el objetivo central de la propuesta: "Si le tocamos el corazón a una persona, creo que nuestra labor está hecha, porque evangelizamos con esta presentación, mostrando amor, fe y esperanza".
El actor también recordó distintos momentos de la puesta que lo atravesaron emocionalmente, como la entrada de Jesús recibido por el pueblo, la escena de la crucifixión y el pasaje de las tentaciones, donde -según describió- llegó a sentir "la energía" de cada situación en el propio cuerpo.
"Desde el lavado de pies en adelante no dejé de llorar", confesó, al tiempo que valoró la respuesta del público, que acompañó masivamente la propuesta. Finalmente, destacó el trabajo colectivo detrás de la obra y el acompañamiento recibido: "Año a año tratamos de superarnos para sorprender y emocionar. Pero sobre todo, para transformar corazones y ayudar a ver la vida con otros ojos".
UNA HUELLA QUE PERMANECE
La Pasión Viviente volvió a dejar una marca en la comunidad. No solo como espectáculo, sino como una experiencia compartida que invita a detenerse, reflexionar y reencontrarse con el sentido profundo de la Semana Santa. En una noche donde el silencio, la emoción y la palabra se combinaron, el mensaje final pareció resonar más allá del anfiteatro: lo importante no es solo lo que se vio, sino lo que cada uno se lleva.
