Los Aventureros del Aire: Claudio y Betina Robetto volvieron a recorrer el mundo
Hay viajes que se miden en kilómetros y otros que se miden en historias. Para Claudio y Betina Robetto, cada recorrido por el mundo reúne ambas cosas. Como "Aventureros del Aire", hicieron de la aviación una forma de conocer el planeta, afrontar desafíos y construir vínculos en los lugares más diversos.
Su historia tiene además una particularidad: ya completaron dos vueltas al mundo a bordo de un avión monomotor. La primera fue en 2023 y la segunda volvió a llevarlos por distintos continentes, atravesando grandes extensiones de océano y territorio y enfrentando las exigencias propias de una travesía de semejante magnitud.
Entre los tramos más exigentes se encuentra el cruce del Atlántico entre João Pessoa, Brasil y Dakar, Senegal, que demandó aproximadamente 14 horas y media de vuelo.
También realizaron un extenso recorrido entre Bulgaria y Aktau, Kazajistán, de unas 11 horas, atravesando Turquía, Georgia y Azerbaiyán. A ese itinerario se sumó otro de características similares entre Manta, Ecuador y Arica, Chile, cruzando prácticamente todo Perú.
Cada uno de esos vuelos representa mucho más que una marca dentro de una hoja de ruta. Son horas en el aire en las que la planificación, la experiencia y la capacidad para adaptarse a las condiciones se vuelven fundamentales.
LOS DESAFÍOS DE VOLAR ALREDEDOR DEL MUNDO
Una travesía de estas características también deja momentos de tensión y aprendizaje. Uno de ellos ocurrió durante el tramo entre Anadyr, Rusia y Anchorage, Alaska, cuando tuvieron que afrontar la formación de hielo.
"Hubo momentos tensos, como cuando cargamos hielo al llegar a Anchorage desde Anadyr, Rusia y otros de los cuales hemos aprendido", explicó Claudio al recordar algunas de las situaciones más exigentes de la travesía.
Pero las dificultades son también parte de la experiencia. Cada vuelo aporta nuevos conocimientos y obliga a tomar decisiones frente a escenarios que muchas veces son imposibles de anticipar completamente desde tierra.
MUCHO MÁS QUE PAÍSES EN UN MAPA
En sus recorridos, los Aventureros del Aire no solamente acumularon países y ciudades. Una parte fundamental de la experiencia estuvo vinculada con las personas que encontraron en el camino. "Conocimos nuevos países y ciudades. Fuimos recibidos por amigos de la vida que nos ayudaron e hicimos nuevas amistades", destacó Claudio.
Esa dimensión humana se convirtió en uno de los aspectos centrales de las travesías. Detrás de cada destino aparecieron historias, encuentros y personas que contribuyeron a que el viaje trascendiera la simple aventura aeronáutica.
UNA PASIÓN QUE NACIÓ EN LA FAMILIA
La relación de Claudio con los aviones tiene raíces mucho más profundas que sus actuales travesías. Su pasión por la aviación nació de su padre, José Robetto, una figura estrechamente vinculada con ese mundo.
José fue piloto durante la Segunda Guerra Mundial en Italia y, posteriormente, emigró a la Argentina. En el país continuó desarrollando su actividad aeronáutica, vinculándose con la pulverización aérea y la instrucción de pilotos.
Su trayectoria como instructor lo llevó por distintas instituciones y también tuvo una relación especial con el Aero Club Balcarce, donde se desempeñó como instructor durante la década de 1960.
Décadas después, aquella pasión familiar encontró en Claudio una nueva manera de expresarse. Ya no solamente desde la formación de pilotos o el trabajo aeronáutico, sino también a través de la exploración del mundo desde el aire.
Así, cada travesía de los Aventureros del Aire tiene detrás una historia que comenzó mucho antes de que el avión levantara vuelo: la de una pasión transmitida, sostenida durante años y transformada junto a Betina en una particular manera de recorrer el planeta.
Dos vueltas al mundo, miles de kilómetros, vuelos de más de diez horas, situaciones límite y encuentros que quedan para siempre forman parte de una historia que todavía tiene mucho cielo por delante.
