Cuatro días de puertas abiertas, oración y encuentro en Villa Laguna Brava
Durante cuatro días, Villa Laguna Brava cambió su ritmo habitual. Las tranqueras abiertas, los mates compartidos y las charlas al reparo de la sombra marcaron el pulso de las Misiones Rurales 2026, una experiencia que se desarrolló entre el 14 y el 17 de enero y que puso en el centro algo tan sencillo como profundo: el encuentro.
Las recorridas casa por casa fueron el corazón de la misión. En caminos de tierra y calles tranquilas, cada saludo fue también una invitación a escuchar. Aparecieron historias de vida, preocupaciones cotidianas, silencios cargados de sentido y palabras de agradecimiento. Para muchos vecinos, la presencia de los misioneros significó sentirse acompañados y tenidos en cuenta.
LA TARDE COMO ESPACIO DE ENCUENTRO COMUNITARIO
Con el correr de las horas, la comunidad comenzó a reunirse en torno a los espacios de oración y celebración, que funcionaron como puntos de encuentro y pausa compartida. Las misas diarias congregaron a vecinos de la zona y se convirtieron en momentos de diálogo, reflexión y cercanía.
Uno de los momentos más significativos fue el encuentro ecuménico, realizado en un espacio público, que reunió a distintas expresiones religiosas en un clima de respeto y fraternidad. Allí, la diversidad se vivió como un valor y la comunidad se expresó más allá de las pertenencias individuales.
GESTOS SIMBÓLICOS Y MOMENTOS DE FE COMPARTIDA
El rosario náutico y la misa por los enfermos y afligidos aportaron una dimensión especialmente emotiva a las jornadas. En esos espacios, la fe se expresó de manera concreta, vinculada a las realidades cotidianas de quienes viven y trabajan en el ámbito rural, con pedidos, recuerdos y agradecimientos que atravesaron a toda la comunidad.
Fueron instancias de recogimiento, pero también de acompañamiento mutuo, donde cada gesto tuvo un significado profundo.
UN CIERRE QUE FUE SÍNTESIS DE LO VIVIDO
La misión concluyó el sábado con la misa de cierre, celebrada en el lugar de encuentro y oración. No fue un final abrupto, sino una síntesis de lo vivido durante los días previos: abrazos, palabras simples y la sensación compartida de haber caminado juntos.
Desde la organización destacaron la participación de los vecinos, el compromiso de los misioneros y la importancia de sostener estas experiencias en ámbitos rurales, donde la cercanía y la presencia cobran un valor especial. En Villa Laguna Brava, durante cuatro días, la misión se hizo camino, casa, palabra y silencio. Y dejó, en cada rincón, la marca de un encuentro que continúa resonando.
