"Lo mejor de mi vida me lo llevo de acá": Susana Testa se despide del Taller Protegido
Después de casi tres décadas formando parte del Taller Protegido Balcarce, Susana Testa decidió que llegó el momento de cerrar una etapa. A los 71 años, y después de haber trabajado durante 57 años de su vida, tomó la decisión de retirarse de la actividad cotidiana, aunque reconoce que desprenderse de un lugar que se convirtió en parte fundamental de su historia no será sencillo.
"Todo llega a un punto que uno dice: 'Bueno, hasta acá llegué'", contó durante una entrevista. Y explicó que, después de tantos años de levantarse temprano para trabajar, tiene ganas de quedarse en casa, aunque sabe que va a extrañar profundamente esa rutina.
"Voy a extrañar horrores porque esto es parte de mi vida. Más allá del trabajo, es parte de mi vida", expresó.
Su vínculo con el Taller Protegido comenzó mucho antes de incorporarse como trabajadora. La institución había sido inaugurada en 1986 y, un año después, comenzó a trabajar allí su hermano. A partir de ese momento, sus padres también se incorporaron a la comisión y la familia comenzó a participar de distintas actividades y eventos.
Con el tiempo, Susana se sumó a la comisión directiva y permaneció allí alrededor de un año y medio. Luego surgió la posibilidad de ocupar el lugar de un supervisor que dejaba la institución. Había renunciado a su trabajo anterior y aceptó la propuesta.
"Desde ahí no dejé nunca más", recordó.
UNA HISTORIA QUE SE CONVIRTIÓ EN PARTE DE SU VIDA
Desde entonces transcurrieron casi 30 años de trabajo, aprendizajes, luchas, dificultades y también momentos felices.
Durante ese tiempo, el Taller Protegido fue atravesando distintas etapas y Susana también vivió allí parte de sus propios procesos personales. "En mi vida personal pasó de todo acá adentro. Tuve a mis nietos, perdí al resto de la familia, pero bueno, eso es la vida. Tuve cosas re lindas y de las otras", relató.
Al hacer un balance, elige quedarse con lo positivo. Y entre esas cosas destaca especialmente el grupo de trabajo que se fue formando a lo largo de los años, además del vínculo construido con los operarios. "De acá me llevo lo mejor. Lo mejor de mi vida me lo llevo de acá", afirmó.
EL APRENDIZAJE DE LOS OPERARIOS
Una de las experiencias que más marcó su recorrido fue el contacto cotidiano con las personas que concurren al Taller Protegido.
Cuando comenzó, conocía de cerca la discapacidad a través de su hermano, pero reconoce que no sabía qué iba a encontrarse al trabajar con otras personas.
"Entrás acá a trabajar con los miedos que implica, porque yo estaba acostumbrada a trabajar y vivir con mi hermano, pero no con el resto de las discapacidades", explicó. Con el tiempo descubrió una realidad completamente diferente a la que imaginaba. "Te encontrás que son los seres humanos más maravillosos que existen", sostuvo.
Y enumeró algunas de las enseñanzas que se lleva: el amor, el cariño, las ganas de trabajar y, especialmente, la sinceridad. "Son sinceros. No tienen reparos en hacer y decir lo que sienten sin ningún tipo de tapujos", destacó.
Para Susana, esa espontaneidad es una de las características que más valora de quienes integran el Taller. Una manera de vincularse que, según cuenta, permite incluso atravesar pequeños conflictos cotidianos con naturalidad.
"Es maravilloso tener ese poder de ser tan sincero", resumió.
UNA FAMILIA QUE SE CONSTRUYÓ DURANTE DÉCADAS
La historia de Susana dentro del Taller Protegido también está atravesada por los vínculos que construyó con sus compañeros. Entre ellos aparece especialmente Virginia Guariste, con quien mantiene una amistad de décadas y con quien también compartió diferentes etapas laborales.
"Hace muchos años trabajamos juntas. Después empezamos a trabajar juntas acá. Casi 40 años trabajando juntas", contó Virginia durante la entrevista. La relación excedió ampliamente lo laboral. "Yo la considero mi hermana", afirmó.
Por eso, la salida de Susana no resulta sencilla para quienes continúan en la institución. "Estoy feliz por ella porque pudo tomar esa decisión y estar tranquila en su casa, pero a mí me cuesta", reconoció Virginia.
Son años de luchas compartidas, momentos buenos y difíciles y una convivencia cotidiana que construyó una relación que, aunque cambiará, no desaparecerá.
Susana, de hecho, ya anticipó que no se alejará completamente. "Voy a seguir viniendo, voy a seguir molestando, voy a estar para algún evento que me necesiten", aseguró. Y seguramente también continuará siendo una referencia para quienes hoy tienen responsabilidades dentro del Taller.
UNA INSTITUCIÓN QUE INVOLUCRA A TODA LA FAMILIA
A lo largo de la conversación también apareció una característica que quienes forman parte del Taller Protegido repiten con frecuencia: la idea de que allí se construyó una gran familia.
El vínculo no queda limitado a las horas de trabajo. Se comparten cumpleaños, acontecimientos, preocupaciones y momentos cotidianos.
"Esto es una gran familia porque nos encariñamos con todos. Los chicos son como si fueran nuestros hijos", explicó Virginia.
Esa mirada permite entender por qué la salida de una trabajadora que permaneció casi tres décadas no representa simplemente un cambio laboral.
Para Susana, el Taller Protegido fue un espacio que atravesó buena parte de su vida. Para quienes continúan allí, su ausencia significará también la despedida de una compañera con la que compartieron innumerables experiencias.
"EL TALLER NO VA A CERRAR NUNCA"
La despedida también estuvo atravesada por la realidad que actualmente enfrenta la institución y las dificultades económicas que debe afrontar para sostener su funcionamiento.
Susana destacó especialmente el trabajo que viene realizando Virginia al frente de esa tarea y la responsabilidad de sostener la institución en momentos complejos. "Seguimos y vamos a seguir y el Taller, si Dios y la Virgen nos iluminan, no va a cerrar nunca", afirmó.
Es una frase que resume también el espíritu con el que Susana decidió cerrar esta etapa: no como un adiós definitivo, sino como el comienzo de una nueva manera de permanecer vinculada. Después de 57 años de trabajo, llega el momento de bajar el ritmo, dejar de levantarse temprano y disfrutar de otros tiempos.
Pero hay lugares de los que uno nunca termina de irse. Y el Taller Protegido es, para Susana, uno de ellos. "De acá me llevo lo mejor. Lo mejor de mi vida me lo llevo de acá", repitió.
Una vida que quedó marcada por casi 30 años de trabajo, por los vínculos, por las luchas, por las alegrías y, sobre todo, por las personas que hicieron que aquel trabajo terminara convirtiéndose en mucho más que un trabajo.
