Juan Segundo Ruiz, 105 años de historia, trabajo y gratitud
A los 105 años, Juan Segundo Ruiz no necesita grandes discursos para emocionar. Le alcanza con una sonrisa tímida, un “gracias” sincero y esa calma que solo tienen quienes han vivido mucho y bien. En el Hogar de Ancianos La Merced, donde reside desde hace más de quince años, Don Juan volvió a ser protagonista de un festejo íntimo pero profundamente significativo: el de una vida que sigue siendo celebrada.
“Seguramente con la familia”, respondió con sencillez cuando se le preguntó cómo pensaba festejar este nuevo cumpleaños. Y agregó, casi como al pasar, una frase que resume su presente: “Hace más de 15 años que estoy en el hogar, yo me ocupé mucho tiempo de hacer la quinta, pero ya no, ahora descanso. Siempre me he sentido bien en estos años en el hogar”. Palabras simples, cargadas de gratitud y paz.
EL HOMBRE DE LA QUINTA
Hablar de Juan Segundo Ruiz es, inevitablemente, hablar de la tierra. Durante años fue el alma de la huerta del Hogar La Merced, ese rincón que supo convertir en un espacio fértil, productivo y lleno de vida. Allí, pala y rastrillo en mano, sembró mucho más que verduras: sembró ejemplo, constancia y amor por el trabajo.
En 2021, cuando celebró sus 100 años, ya era reconocido como “el dueño de la quinta”, una figura querida y respetada por internos, personal y miembros de la comisión directiva. “Siempre me gustó hacer quinta. Me gusta hacer algo, me entretengo”, decía entonces, mientras desde el Hogar confesaban, entre risas, que era casi imposible frenarlo cuando se trataba de ir a trabajar la tierra.
UNA HISTORIA FORJADA A PULMÓN
Chileno de nacimiento, Juan llegó joven a la Argentina buscando oportunidades. Trabajó en Río Negro en la fruta y, años después, el destino lo trajo a Balcarce, donde echó raíces definitivas. Pasó por campos de Los Pinos y por la estancia El Recuerdo, dedicando su vida al trabajo rural desde los años ’50 hasta bien entrada la década del ’80. Aunque se “retiró” formalmente, jamás se alejó de su romance con la tierra.
“Todo lo aprendí por cuenta propia y por voluntad”, contaba con orgullo. Autodidacta, perseverante, convencido de que no hay que tenerle miedo al trabajo ni al suelo que da de comer. “Esta es mi felicidad, no me imagino sin hacer lo que hago”, decía entonces. Y durante muchos años, así fue.
EL PRESENTE, CON LA SERENIDAD DEL DEBER CUMPLIDO
Hoy Don Juan ya no baja todos los días a la quinta. El cuerpo pide descanso y él lo acepta con la misma sabiduría con la que enfrentó cada etapa de su vida. Descansa, observa, recuerda. Y sigue sintiéndose bien, acompañado, contenido.
Cuando se le deseó un feliz cumpleaños y se lo invitó, en broma, a reencontrarse para los 106, respondió con una risa suave: “Ja, ja… Dios quiera”. Esa frase, dicha sin estridencias, resume su modo de estar en el mundo: agradecido, humilde, esperanzado.
A los 105 años, Juan Segundo Ruiz es mucho más que una cifra extraordinaria. Es memoria viva, es ejemplo silencioso, es una vida que floreció en la tierra y hoy sigue emocionando a quienes lo rodean. Para su familia, para el Hogar La Merced y para toda la comunidad, Don Juan no solo cumple años: sigue dejando huella.
