Una huerta comunitaria que asiste y acompaña a muchas familias
Detrás de la Capilla Virgen de Luján se extiende un espacio que sorprende a quienes lo descubren por primera vez. Allí, en un terreno que ocupa casi un cuarto de manzana, funciona desde hace varios años una huerta comunitaria que produce una gran variedad de verduras y frutas destinadas a ayudar a familias del barrio.
El proyecto nació de manera sencilla, con pocos recursos y mucho esfuerzo, pero con el paso del tiempo se fue consolidando gracias al compromiso de voluntarios de la comunidad y al acompañamiento de algunas instituciones que aportaron herramientas para fortalecer el trabajo cotidiano.
Actualmente la huerta se convirtió en un pilar de la tarea solidaria que se desarrolla desde la capilla, ya que cada semana permite entregar alimentos frescos y saludables a quienes más lo necesitan.
UN PROYECTO QUE NACIÓ HACE CASI UNA DÉCADA
Hilda, una de las integrantes del grupo que sostiene la iniciativa junto a Sonia y Lita, explicó que la huerta comenzó a desarrollarse hace entre ocho y nueve años. “Empezó con poquito, como todo”, recordó. Con el paso del tiempo, el trabajo de los voluntarios permitió ampliar la producción y mejorar las condiciones del lugar.
En ese proceso resultó fundamental el aporte de dos integrantes de la comunidad, Andrés y Martín, quienes estuvieron desde los primeros momentos y continúan siendo los principales responsables de las tareas diarias. A ellos se suman otros colaboradores que ayudan en distintas actividades, desde el mantenimiento del terreno hasta la organización de la distribución de los alimentos.
El proyecto también recibió un impulso importante cuando una empresa obtuvo un concurso y destinó parte del premio para apoyar el trabajo que se realizaba en la huerta. Gracias a ese aporte se pudieron comprar herramientas y equipamiento, que hoy se guardan en un pequeño galpón construido dentro del predio.
TRABAJO DIARIO EN LA TIERRA
El cuidado de la huerta exige una dedicación constante. Durante los meses de calor, los voluntarios suelen trabajar temprano por la mañana o al caer la tarde para evitar las altas temperaturas.
Ese esfuerzo se refleja en la variedad de cultivos que hoy pueden encontrarse en el lugar. Entre las hileras de plantas se pueden ver lechugas, berenjenas, repollos, tomates comunes y cherry, puerros, cebollas de verdeo, zapallitos y distintas variedades de zapallo.
A esto se suman árboles frutales y otras especies que se van incorporando según la época del año, lo que permite mantener una producción constante de alimentos frescos.
Además, uno de los aspectos que destacan quienes participan del proyecto es que la huerta se maneja de manera completamente natural. “No hay ningún tipo de agregado”, explicaron desde la comunidad, subrayando que las verduras se producen sin químicos y con métodos simples de cultivo.
ENTREGA SEMANAL A LAS FAMILIAS
Todo lo que se produce en la huerta tiene un destino claro: ayudar a las familias que atraviesan situaciones económicas difíciles. Actualmente son alrededor de 25 los hogares que reciben asistencia de la capilla, aunque se estima que ese número podría ampliarse en el corto plazo hasta llegar a unas 30 familias.
Cada viernes, las personas anotadas en el programa se acercan al lugar para retirar una bolsa con verduras frescas cosechadas en el predio. Para los voluntarios, esa entrega semanal es uno de los momentos más importantes de la tarea comunitaria.
Las verduras no solo ayudan a mejorar la alimentación diaria de las familias, sino que también representan un aporte clave para personas que padecen distintas enfermedades. Según explicaron desde la capilla, entre los beneficiarios hay personas con diabetes y otras afecciones que requieren una dieta saludable, por lo que contar con alimentos naturales resulta especialmente valioso.
ALIMENTACIÓN SALUDABLE PARA TODA LA FAMILIA
El impacto de la huerta se refleja en la vida cotidiana de quienes reciben los alimentos. Las verduras frescas permiten mejorar la alimentación de los adultos, pero también son fundamentales para la crianza y el desarrollo de los niños.
Por eso, desde la comunidad consideran que el proyecto cumple un rol que va más allá de la simple asistencia alimentaria: busca promover hábitos de vida más saludables y fortalecer el acompañamiento a las familias del barrio.
“Para nosotros la huerta es algo maravilloso”, señalaron las voluntarias, destacando la satisfacción que genera ver cómo los vecinos reciben los productos con alegría y agradecimiento.
ASISTENCIA INTEGRAL DESDE LA CAPILLA
La ayuda que brinda la Capilla Virgen de Luján no se limita únicamente a la producción de alimentos. En el mismo predio funciona también una feria solidaria de ropa, donde las familias pueden llevarse prendas sin costo alguno cuando se realizan las entregas mensuales.
Además, en algunas oportunidades se distribuyen bolsas de mercadería que complementan los alimentos frescos que salen de la huerta.
La comunidad también organiza campañas solidarias que permiten entregar zapatillas y útiles escolares a los chicos del barrio, especialmente al inicio del ciclo lectivo.
Todo este trabajo se articula con el acompañamiento espiritual que brinda la capilla, lo que convierte al lugar en un punto de encuentro y contención para muchos vecinos.
UN SISTEMA DE ACOMPAÑAMIENTO A LAS FAMILIAS
Para acceder a la asistencia, las personas deben acercarse a la capilla y plantear su situación. A partir de allí, el grupo de voluntarios realiza visitas a los hogares para conocer la realidad de cada familia.
Durante esas recorridas se evalúa la cantidad de integrantes del hogar, las necesidades existentes y las dificultades que atraviesan. Ese proceso permite organizar la ayuda de manera más equitativa y asegurar que llegue a quienes realmente la necesitan.
LA POSIBILIDAD DE REPLICAR EL PROYECTO
El crecimiento de la huerta despertó el interés de otras comunidades que buscan implementar iniciativas similares. Uno de los casos más recientes es el de la capilla María Auxiliadora, donde un grupo de vecinos comenzó a trabajar en la creación de su propia huerta comunitaria.
Si bien el proyecto aún se encuentra en una etapa inicial, desde la comunidad de Virgen de Luján destacan el entusiasmo con el que se está llevando adelante la iniciativa.
La idea a futuro es poder ampliar la producción y colaborar con otras capillas que quieran sumarse a esta experiencia solidaria.
Las semillas, los conocimientos y el acompañamiento de quienes ya recorrieron este camino podrían convertirse en la base para que el modelo se replique en distintos barrios.
UN TRABAJO SILENCIOSO QUE TRANSFORMA
A lo largo de casi una década, la huerta de la Capilla Virgen de Luján se fue consolidando como un ejemplo de organización comunitaria y solidaridad.
Lo que comenzó como una pequeña iniciativa impulsada por algunos voluntarios terminó convirtiéndose en un proyecto que alimenta a decenas de familias y fortalece el tejido social del barrio.
Entre plantas, surcos y árboles frutales, cada jornada de trabajo demuestra que el esfuerzo colectivo puede generar cambios concretos en la vida de muchas personas.
