Sobrevivientes de Cromañón brindaron su testimonio en Balcarce: “Mientras exista corrupción, algo similar puede volver a ocurrir”
A más de veinte años de la tragedia de República Cromañón, sobrevivientes e integrantes de la agrupación “No nos cuenten Cromañón” visitaron Balcarce para compartir su experiencia y reflexionar junto a jóvenes sobre uno de los hechos más dolorosos de la historia reciente argentina.
La iniciativa forma parte de un trabajo sostenido desde hace más de quince años en escuelas e instituciones de distintos puntos del país. El objetivo es mantener viva la memoria de las 194 personas fallecidas el 30 de diciembre de 2004 y generar conciencia sobre las responsabilidades estatales, las condiciones de seguridad y el cuidado colectivo.
“Esta charla la hacemos hace alrededor de quince años. Cuando empezamos éramos contemporáneos de los chicos a los que les hablábamos; ahora ellos son un poco más grandes, pero el objetivo sigue siendo el mismo: contar qué ocurrió, cuáles fueron las irregularidades y tratar de que algo similar no vuelva a suceder”, explicaron.
Durante el encuentro, los expositores repasaron las fallas que confluyeron en la tragedia: deficiencias edilicias, puertas de emergencia bloqueadas, materiales inflamables y controles estatales insuficientes.
“Cromañón pasó porque hubo corrupción del Estado. Si un lugar está mal habilitado es porque hubo alguien que puso una firma para que funcionara en condiciones que no correspondían. Mientras siga existiendo corrupción, no estamos exentos de que vuelva a ocurrir algo similar”, sostuvieron.
UN PROBLEMA QUE EXCEDÍA A CROMAÑON
Los integrantes de la agrupación señalaron que las irregularidades no eran exclusivas del local donde ocurrió la tragedia, sino una práctica extendida en gran parte de los espacios de entretenimiento de la época.
Recordaron que, tras el incendio, una enorme cantidad de locales bailables y salas de espectáculos de la Ciudad de Buenos Aires debieron cerrar sus puertas por no cumplir con las condiciones exigidas.
“Eso demuestra que el problema era mucho más amplio. No era solamente Cromañón; había una lógica de funcionamiento donde muchas cosas estaban mal”, remarcaron.
“NO ÉRAMOS CONSCIENTES DEL PELIGRO”
Una de las integrantes del grupo, que no es sobreviviente pero sí amiga de víctimas, reflexionó sobre las prácticas habituales de aquellos años y el cambio cultural que se produjo después de la tragedia.
“En ese momento se prendía pirotecnia durante los recitales y parecía algo normal. Pasaba en todos lados y nadie veía el peligro. Era algo que incluso se consideraba divertido”, explicó.
También destacó que los jóvenes no tenían por qué cargar con la responsabilidad de controlar habilitaciones o medidas de seguridad.
“No corresponde que la juventud sepa si un lugar está habilitado o no. Esa responsabilidad es de quienes deben controlar y garantizar las condiciones de seguridad”, afirmó.
EL DIÁLOGO CON LAS NUEVAS GENERACIONES
Las charlas están dirigidas principalmente a estudiantes de entre 16 y 18 años, edades similares a las que tenían muchos de quienes asistieron aquella noche a Cromañón.
“Yo tenía 19 años cuando fui a Cromañón. Generalmente encontramos mucho interés de parte de los chicos. En estos quince años habremos recorrido unas 200 escuelas y casi siempre se generan preguntas y debates muy valiosos”, señalaron.
Los sobrevivientes explicaron que, en muchos casos, las nuevas generaciones conocen la tragedia a partir de series, documentales o conversaciones familiares, lo que abre la puerta a intercambios profundos sobre la memoria y la responsabilidad social.
LA VERDAD DESDE LA MIRADA DE QUIENES ESTUVIERON ALLÍ
Consultados sobre si consideran que toda la verdad sobre Cromañón fue conocida, los integrantes de la agrupación entendieron que aún existen aspectos que no alcanzaron suficiente visibilidad pública.
En ese sentido mencionaron el libro Voces, tiempo, verdad, publicado hace dos años, donde sobrevivientes relatan en primera persona lo vivido aquella noche.
“Son los principales testigos de lo que pasó. Muchas veces sus voces no fueron suficientemente escuchadas”, explicaron.
Asimismo, señalaron que si bien hoy existen normativas y regulaciones más estrictas, ninguna legislación es suficiente si no se cumple efectivamente.
“Cuando iniciamos las charlas siempre buscamos que aparezca una palabra para definir Cromañón: corrupción. Porque las leyes pueden existir, pero si no se aplican, el riesgo sigue estando presente”, expresaron.
Incluso trazaron un paralelismo con otras tragedias ocurridas en el país, como la del ferrocarril Sarmiento en Once, al advertir que detrás de muchos desastres aparecen problemas estructurales similares.
EL MENSAJE PARA QUIENES COMIENZAN A SALIR
Antes de finalizar, los integrantes de “No nos cuenten Cromañón” dejaron un mensaje destinado a los jóvenes que empiezan a frecuentar recitales y boliches, así como también a sus familias.
“No podemos garantizar que nunca vuelva a pasar algo así, porque la corrupción sigue existiendo. Pero sí podemos apelar al sentido común”, indicaron.
Entre las recomendaciones, mencionaron evitar lugares sobrecargados de público, prestar atención a las salidas de emergencia y denunciar irregularidades cuando se detecten.
“Si un boliche está explotado de gente, el único que gana es el dueño. Vos no te divertís así. Si una puerta de emergencia está cerrada, se puede exigir que se abra o hacer la denuncia correspondiente”, señalaron.
Finalmente, remarcaron una enseñanza que dejó la tragedia y que trasciende cualquier normativa: el cuidado del otro.
“Después de Cromañón entendimos que también hay que cuidar a quien está al lado. Antes no veíamos el peligro de prender una bengala junto a otra persona. Hoy existe más conciencia sobre eso. Cuidar al otro también es una forma de prevenir”, concluyeron.
