Nito Lezcano relató lo que atravesó tras una denuncia: “¿Cómo se vuelve a enseñar sin miedo?”
En el marco del paro realizado por la situación de violencia en las escuelas, el dramaturgo, escritor y docente balcarceño Nito Lezcano publicó en sus redes sociales una carta abierta en la que decidió hacer público un episodio personal que, según relató, atravesó durante el último año y medio. “Dudé en hacer esta publicación, pero hoy más que nunca atravesando un paro por la violencia vivida en las escuelas, veo la necesidad de que esto se sepa”, expresó antes de plantear una pregunta: “Estas situaciones pasan cada vez más. ¿Qué hace la sociedad ante esto?”.
Bajo el título “Mi vida expuesta, mi nombre condenado socialmente”, Lezcano repasó parte de su trayectoria vinculada al teatro, la docencia y distintas actividades culturales desarrolladas en Balcarce. “Mi primer acercamiento con el arte teatral, fue a los 8 años. A los 14 forme parte de un grupo y años más tarde, mientras me formaba en la universidad comencé a dar clases de teatro. Con el tiempo formé un grupo propio, trabajé en radio, televisión y cine; también participé en proyectos culturales y sociales, en ámbitos públicos y privados por todo Balcarce”, escribió.
Luego ubicó el comienzo de la situación que motivó su publicación en marzo de 2025. “Hasta que un sábado de marzo de 2025, por teléfono, me notificaron que existía una denuncia penal en mi contra por un supuesto hecho ocurrido en una escuela. Sin conocer detalles, ni quién me acusaba, al día siguiente mi imagen circuló en redes sociales entre insultos, agravios, supuestos y amenazas”, relató.
“TUVE QUE VOLVER A DAR CLASES COMO SI NADA”
En su carta, Lezcano describió las consecuencias que, según sostuvo, tuvo aquella exposición. “Al día siguiente del escrache tuve que volver a dar clases ‘como si nada’. Soportando miradas, silencios e inquietudes. Luego, el sistema decidió trasladarme a otro espacio ‘para protegerme’. Allí permanecí un año y medio, apartado y señalado, hasta que la Justicia me otorgó el sobreseimiento de la causa”, afirmó.
A partir de esa experiencia, planteó una reflexión sobre el impacto de las acusaciones y de la exposición pública antes de que exista una resolución judicial. “Esta pesadilla me mostró que hablar sin saber daña, no solo a quien está expuesto sino también a su entorno. El anonimato de las redes y la lentitud de los procesos de investigación generan un escenario peligroso donde la sociedad decide quién es culpable”, escribió.
Lezcano aclaró en su carta que no cuestiona el derecho a denunciar, sino las consecuencias que, según su experiencia, puede generar una acusación cuando considera que es injusta. “Denunciar es un derecho y una herramienta necesaria. Pero también existe responsabilidad cuando una acusación injusta afecta la vida, el trabajo y el nombre de otra persona”, sostuvo. Y agregó: “Acusar, juzgar y sentenciar parecen haberse convertido en acciones que cualquiera puede ejercer detrás de una pantalla”.
“¿QUIÉN RESPONDE ANTE EL DAÑO PRODUCIDO?”
En otro tramo de la publicación, el docente se refirió a las consecuencias que una denuncia puede tener mientras se desarrolla una investigación. “Una denuncia pone en marcha un expediente y también rumores, prejuicios, aislamiento y condena social que muchas veces llega antes que cualquier resolución judicial”, señaló.
En ese sentido, escribió: “Mientras se investiga, alumnos quedan sin clases y docentes denunciados pueden perder su trabajo, su libertad y, en situaciones extremas, mucho más”. También cuestionó lo que considera una falta de acompañamiento hacia los docentes que atraviesan este tipo de situaciones.
“Se exige vocación, responsabilidad y compromiso docente. Pero la protección frente a la exposición y el abandono resulta insuficiente. Pocos se involucran hasta que algo pasa y después nadie quiere ‘quedar pegado’”, afirmó. Hacia el final de su carta, Lezcano dejó planteados varios interrogantes: “¿Quién responde ante el daño producido? ¿Quién repara el tiempo perdido? ¿Quién se hace cargo cuando la verdad llega? Y lo más importante: ¿Cómo se vuelve a enseñar sin miedo?”.
Finalmente, señaló que la experiencia no modificará su decisión de continuar con su actividad. “Aprendí que comenzar de nuevo nunca es empezar de cero. El tiempo pasa y la memoria colectiva rara vez olvida pero intentaré seguir mi camino como siempre”, escribió. Y concluyó: “Por quienes resistimos la violencia, por el tortuoso aislamiento; por la rabia de no poder defenderse y por todos los que creemos que algo aún puede cambiar”.
