«Nací de nuevo después de sufrir mucho tiempo»

«Nací de nuevo después de sufrir mucho tiempo»

En momentos de pandemia, cuando lo único importante parece centrarse en las cifras que a diario se dan a conocer de muertos e infectados de Covid-19, también hay buenas noticias. Y una de ellas llegó desde el Hospital Italiano, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, donde después de permanecer por espacio de algo más de 200 días internado, el balcarceño José Núñez (56 años) «volvió a nacer». Se le reemplazó un pulmón enfermo con todo éxito y ahora está en constante recuperación, pensando en el regreso a casa.

Esta historia de vida arrancó a mediados de la década pasada cuando José, trabajador rural, empezó a padecer en forma constante, y con un agravamiento permanente, tos y resfríos. Los estudios médicos a los que se fue sometiendo revelaron inicialmente que su adicción al cigarrillo había afectado sus pulmones, viéndose disminuida así su capacidad respiratoria.

Fue entonces cuando el tabaco dejó de ser una adicción en su vida. Esa misma fuerza de voluntad también la empleó para, con el respaldo insustituible de su familia y demás afectos, intentar sobreponerse a la fibrosis pulmonar que finalmente le diagnosticaron.

Se sucedieron las consultas médicas en Balcarce, Mar del Plata, La Plata y en Capital Federal en busca de un diagnóstico preciso como también del tratamiento. En los primeros años la medicación lo aliviaba durante un lapso de seis ó siete meses pero no le solucionaba el problema. Fue entonces cuando llegaron los inyectables pero tampoco modificaron el cuadro detectado.

El trasplante,

la única alternativa

de vida

No había, entonces, otra opción. La salud de Núñez se iba deteriorando. Se sucedían las recaídas, la mancha pulmonar se agrandaba y la capacidad respiratoria iba en disminución a punto tal que debía valerse de un equipo respirador que le suministraba oxígeno. A principio fue por unas horas y en la última etapa su uso se hizo permanente.

Al no lograr los tratamientos aplicados el resultado esperado quedaba una tercera y última alternativa: el trasplante pulmonar a causa de la fibrosis detectada en 2018.

Fue entonces cuando su médico de cabecera, el doctor José Mateos, le recomendó consultar a especialistas en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. A esta altura, la preocupación iba en aumento porque Núñez paulatinamente iba desmejorando en su salud a punto tal que se vio obligado a dejar de trabajar en el campo de la familia Menone después de treinta años. «En el último tiempo mi cuerpo cada vez respondía menos. Dormía conectado a una mochila con un tubo de oxígeno», le contó a El Diario para dar una idea de cómo era el día a día. Al mismo tiempo, esa enfermedad desnudaba otras como la diabetes y el colesterol.

«El rango normal de saturación de oxígeno en una persona es de entre 95 y 98 por ciento. Llegué a saturar 75% y menos también lo cual hacía que me agitara, no podía mantener una conversación fluida y empezaba a toser. Eso hacía que tuviera que conectarme al tubo de oxígeno», expresó.

El cuadro agravado de salud llevó a que Núñez se convierta en un paciente a trasplantar. No había otra solución. Le explicaron detalladamente todo lo que ello significaba, desde una prolongada espera hasta obtener la donación del órgano y la posterior recuperación.

Nace una esperanza

La angustia en la que vivía inmersa la familia Núñez de pronto se transformó en esperanza. Había un camino largo que transitar pero José estaba dispuesto a ello. Su fe estaba intacta como también su sentido del humor característico que no perdió en ningún momento a pesar de la adversidad.

Empezó aquí otra etapa de esta historia como lo fue la administrativa. Aparecieron trabas en la obra social que obligó a la presentación de un recurso de amparo en la Justicia para conseguir que le sea cubierto el trasplante. El fallo favoreció al paciente y a partir de ahí se aceleró el proceso.

El Hospital Italiano, que junto a la Fundación Favaloro concentra la mayor cantidad de trasplantes de pulmón del país, fue el lugar elegido por el balcarceño, al que debió concurrir el 28 de octubre -un día después de las elecciones presidenciales del año pasado- para ser sometido a una serie de exhaustivos estudios para lo que vendría.

La sorpresa fue mayúscula cuando, completado con cada uno de ellos, los facultativos le informaron que en virtud de la gravedad de su cuadro de salud no podía retornar a Balcarce.

«Núñez, se queda internado en el Hospital. Si se va, su vida corre riesgo. Sabemos que es un potencial receptor del órgano por lo que se queda en el hospital. Estará en los primeros lugares de la lista del INCUCAI a la espera del trasplante», le dijo uno de los facultativos.

José no se lamentó. Todo lo contrario. Su único deseo era recuperarse, poder volver a disfrutar de la vida, de los afectos. Y hacia esa dirección dirigió toda su fuerza acompañado las 24 horas por su esposa Alcira Godoy. «Vine a curarme y me iré de acá cuando esté curado», fue su contundente respuesta a los médicos.

Contó con una aliada inseparable como lo es su mujer. «No me separé ni un minuto de él. Dije que volvía a Balcarce con mi marido. Así fue como nos dejaron internados», expresó, ahora con voz aliviada, a través del teléfono. Le ofrecieron un hotel para que descanse pero prefirió un sillón, junto a la cama de José.

Aquel 28 de octubre comenzó a escribirse esta historia dentro del Hospital Italiano, al que viajaban sus tres hijos  Fernando, Josefina y Juan, además de otros familiares y amigos, para compartir un momento.

En esa habitación, José y Alcira celebraron Navidad y Año Nuevo. En esa habitación esperaron ansiosos la novedad de que estaba el órgano. Hubo dos operativos que pusieron en alerta al paciente pero resultaron fallidos.

No hay dos sin tres

Constituyeron una prueba de fuego. Pero, como dice el popular refrán, la tercera fue la vencida. Claro que había entrado a escena un actor impensando: el Covid-19. La declaración de la cuarentena hizo que José no saliera de su habitación y continuara con sus ejercicios de rehabilitación, a la espera del milagro.

Imborrable permanece en su memoria ese preciso momento. Se abrió la puerta de la habitación el domingo 14 de junio, alrededor de las 16. Le avisan al paciente que se estaba poniendo en marcha un operativo de traslado del pulmón donado en Comodoro Rivadavia.

Con cautela pero con inmensa felicidad interior, José esperó pacientemente las novedades. Mientras tanto, fue sometido a un hisopado para descartar que hubiera contraído el Covid-19.

«No lo podíamos creer. Era una bendición del cielo por lo que inmediatamente le agradecí a Dios», recordó Alcira.

Cuando caía la noche ingresaron las enfermeros a la habitación y lo trasladaron hasta la sala de terapia intensiva. Era un buen indicio de que el operativo estaba teniendo éxito.

Y así fue finalmente. José descansó toda esa noche no así Alcira.

Al quirófano

A las 5 llegó el momento esperando durante tanto tiempo. Lo prepararon y lo condujeron al quirófano. Pero previamente tuvo la posibilidad de comunicarse telefónicamente con sus hijos y lleno de felicidad les dijo que estaba a punto de ser trasplantado por un equipo de especialistas.

Se estimó una duración de entre diez y doce horas pero culminó antes la intervención quirúrgica. Era un buen indicio de que físicamente su cuerpo había llegado estimulado para recibir el órgano.

Alcira y sus hijos, que viajaron con un permiso especial para estar junto a José, se abrazaron y dejaron escapar una lágrima cuando cerca de las 14 del lunes 28 de octubre pasado recibieron la noticia de que el trasplante había resultado un éxito.

Esto se vio corroborado en que al día siguiente el paciente despertó y dos días más tarde ya estaba iniciando su rehabilitación, antes de lo que indica el manual. El pulmón recibido no ofreció rechazo alguno y el otro comenzó a funcionar a la par.

De alta

La evolución fue notable y el pasado martes, José abandonó el Hospital Italiano. Deberá continuar durante un par de meses en Capital Federal para someterse a controles y chequeos antes de regresar a su hogar.

«Nunca perdí la fe. Siempre estuve confiado en que iba a salir adelante. Quiero disfrutar de la vida, de mi familia y de mis seres queridos. Ha sido fundamental el apoyo de ellos para mi recuperación. Me sentí acompañado en todo momento», afirma ilusionado.

En un rincón quedó la mochila con oxígeno, su amiga inseparable desde 2018 cuando su estado de salud empezó a agravarse. Es que comenzó una nueva vida para él.

«Me siento bárbaro. No he sentido ni un dolor tras el trasplante. Te juro que si me hubiera ido a sacar una muela, estaría más dolorido», asegura mientras se le desprende una risa. «Inicié una nueva vida, nací de nuevo después de sufrir mucho tiempo», confiesa.

Ahora por su mente solo tiene como única prioridad continuar con la rehabilitación y recibir el alta definitiva para volver a la ciudad y abrazarse con sus hijos, nietos, hermanos y demás afectos después de casi un año de ausencia.

Esperanza, lucha y perseverancia. Y también un mensaje para concientizar sobre la importancia de la donación de órganos . Todo eso hay detrás de la historia de José Núñez que ya planea una nueva vida.