«La psiquis se tiene que acomodar a todo esto y eso agota y muchas veces desgasta»

«La psiquis se tiene que acomodar a todo  esto y eso agota y muchas veces desgasta»

El aislamiento ya casi «eterno»  en el que nos ha sumido el Coronavirus desde su sorpresiva irrupción en nuestras vidas allá por mediados del mes de marzo, está -en mayor o menor medida- haciendo mella en todos y cada uno de nosotros,

Ese enemigo invisible al que procuramos evitar y/o combatir hizo que nos recluyéramos en nuestros domicilios, aislados de muchos de nuestros afectos y obligándonos por otra parte a una convivencia permanente con otros…o a la soledad.  Estas situaciones son eyectoras de sentimientos encontrados y conflictos (con otros y con nosotros mismos). Sumamos a esto los miedos a contagiarnos, a la muerte, a tener problemas económicos, a…. (la lista sería interminable)  y de ese « combo» surgen además las fobias y las obsesiones.

El término  aislamiento, en sí mismo define un estado diametralmente opuesto a los postulados de una vida en sociedad, y a su uso actual se le suma el peso de lo inevitable que le confiere la condición de obligatorio.

El aislamiento «internó» a la gente en sus casas, vació las calles, bajó la persiana de miles de comercios, cerró fronteras, pero lo  que no logró detener fue la incertidumbre que se anida en el interior de muchas personas y que, en paralelo a la extensión de la pandemia, disparó la necesidad  de asistencia  psicológica tanto de pacientes en tratamiento como de individuos sin trastornos previos.

En Balcarce, el equipo de profesionales del área de Psicología del Hospital Municipal ha intensificado su tarea habitual  para poder brindar atención a todos los que la requieran.

Así lo señaló en charla con El Diario la psicóloga Verónica Cerono, titular del área del nosocomio quien en la apertura del diálogo explicó que  »todo el equipo en su mayoría se encuentra activo trabajando, abordando las problemáticas bajo las sesiones online y solo en casos excepcionales que requieren de lo presencial, se aborda bajo esa modalidad (a veces porque no cuentan con privacidad o medios para realizar la consulta online, o porque la situación lo demanda )».

 ¿Cómo se manejan ante la detección de casos que, por su gravedad,  requieren otro tipo de asistencia?

«Se trabaja desde el mismo criterio pero se evitan las internaciones en la medida que se pueda. Y hago referencia al mismo criterio, porque desde la nueva ley de Salud Mental se promueve la evitación en la medida que se pueda de las internaciones prolongadas.  De todas formas el Hospital está organizado y dividido para en caso de ser necesario una internación se pueda realizar. Por ahora se ha podido contar con camas pero todo será posible en la medida que no colapse el sistema por las otras problemáticas».

 Desde el punto de vista psicológico ¿en qué  medida está incidiendo este aislamiento social?

«A casi a más de 4 meses de aislamiento social obligatorio y de distanciamiento social, las pérdidas  están poniendo a prueba la estabilidad emocional de los ciudadanos.

No se pueden establecer generalidades porque, desde la psicología se aborda la singularidad, cada sujeto es único, hay una estructuración psíquica o en formación (en el caso de niños y preadolescentes), hay una historia detrás de cada persona, vínculo o familias, y una o varias situaciones actuales. Entonces todo ese conjunto es lo que se escucha, se mira y se tiene en cuenta. 

Pero lo que no se puede negar desde la generalidad, que la «situación pandemia»  generó y genera una serie de pérdidas  más allá de lo sanitario y económico. Cada uno lo tramitará desde el caudal de herramientas o recursos psíquicos que tenga, pero el abanico de pérdidas es muy amplio. Pérdidas afectivas como abrazos y encuentros, desde lo material, espiritual,  hábitos, nociones de tiempo, etc.  Esto muchas veces desequilibra y confunde. La psiquis se tiene que acomodar a todo esto y eso agota y muchas veces desgasta.

 ¿Es significativo el  crecimiento de pedidos de asistencia psicológica?

«En la primera etapa del confinamiento se pudo ver desde todo el equipo de trabajo,  solo las consultas emergentes, serían aquellas que no podían esperar o quizás que ya venían con cierta complejidad y que continuaron;  y las de urgencia de siempre  a través del dispositivo de guardia pasiva.

Y si pensamos en cómo han ido consultando, diría que fue muy gradual y con un incremento importante en este último mes. Es decir, se podría asociar con esto de cómo la idea de lo transitorio o la incertidumbre, más la angustia de pérdida  y el  interrogante  de cuándo va a terminar estaría motivando la demanda.

Además, estamos  abordando el seguimiento y contención  de los pacientes positivos Covid 19 y en algunos casos también ciertas personas en aislamiento que lo requieran, y eso ha provocado un incremento importante de asistencia.

 ¿Dentro de los demandantes de ayuda hay muchos  individuos sin trastornos previos?

«La mayoría de la demanda es la que se venía abordando. Solo muy pocas consultas tienen que ver puramente con el confinamiento o las consecuencias del aislamiento, es decir, con los duelos de lo perdido.

 ¿Qué peso tienen los miedos a la debacle económica personal?

«La angustia es esa emoción que aparece cuando se siente que algo va a suceder, es el miedo a que algo malo pase. Frente a la incertidumbre de lo económico y si se le suman las pérdidas podemos pensar y anticipar que ya tiene y va a tener un peso importante; que variará en cada sujeto de acuerdo a las herramientas y recursos psíquicos con que cuente y dependerá también de  su situación económica.

De todas formas es importante en este caso,  no paralizarse y buscar soluciones o en todo caso ayuda profesional.

 ¿Qué afecta más: el temor a la enfermedad o el aislamiento?

«Cada sujeto es único y esas dos posibilidades  las puede transitar de forma diferente.  Hay un grupo de personas que está más afectada por el aislamiento y otras por el temor a la enfermedad. Lo importante en ambas situaciones es que no aparezca como síntoma la paralización, es decir, el miedo que no permite actuar. Ahí es necesario recurrir y pedir ayuda».

 ¿Dentro de qué franja etaria se están manifestando en mayor medida los problemas?

«Hubo muchas variaciones en cuanto a la afectación por edades en estos más de cuatro meses de aislamiento social obligatorio.  De alguna forma todos han sido afectados por lo que explicaba al comienzo. Pero en este último mes la franja etaria más afectada, se podría decir que es la de  41 a 60 y los más de 60. Los de 41 a 60 por múltiples factores sociales, pérdidas económicas, espacios, tiempos, etc., y los de más de 60 porque son los que más han cumplido el confinamiento, y se empieza a percibir las consecuencias del mismo».

 ¿Qué secuelas puede dejar la imposibilidad de despedir a seres queridos que fallecen y a su vez no poder sobrellevar el duelo con los afectos?

«No se podría definir secuelas específicas, porque cada persona se comporta ante la pérdida de una forma diferente. En un duelo aparecen sentimientos distintos desde «una tristeza invasiva» con sentimientos de culpabilidad hasta rabia y enojos. 

En esta situación del Covid, como se habló  tanto del contagio y de las posibilidades de morir, lo que se puede pensar es una  situación de significante muerte anticipada. Cuando un familiar está grave, es una noticia que moviliza y en muchos casos paraliza. Y ese dolor anticipado es una forma de adaptarse a lo que va a suceder.  Aunque muchas veces ese proceso , a diferencias de otras enfermedades es corto (se lo podría asociar a los fallecimientos por accidentes fatales o ACV). Y en cuanto a la despedida, es una despedida diferente, pero lo que hay que tratar es que se pueda hacer una despedida.  Los familiares podrían verse afectados por toda una serie de emociones asociadas a esta vivencia como frustración, impotencia, rabia y necesidad de justicia y búsqueda de responsables. Pueden generar heridas abiertas que condicionen y dificulten la sana elaboración de un duelo.

Se considera necesario poder despedir, aunque sea de manera simbólica, con acompañamiento afectivo desde la distancia. Esto se puede hacer a través de acciones concretas, como escribir una carta, grabar un audio, que permita iniciar un trabajo interno que conecte desde la distancia y pueda generar un sentimiento de paz, ayudando a la tramitación del proceso de duelo. En el caso de los niños con respecto a familia res adultos poder hablar con ellos en la medida que interroguen y poder canalizar sus emociones a través de un dibujo, por ejemplo».

 ¿Qué se recomienda hacer ante la detección de una fuerte alteración del estado anímico de alguien cercano que a su vez reniega de recibir ayuda?

«En esos casos, es conveniente tratar de persuadir a la persona de la importancia de recibir ayuda psicológica, diría amorosamente,  en buenos términos, sin utilizar la violencia. En caso de que se detecte un  riesgo para sí mismo o para terceros, un familiar puede llamar al 107 y ahí le van a solicitar los datos y una profesional del área se comunicará y los va orientar que hacer»

¿Cómo se hace para diferenciar  los temores «lógicos» que esta situación acarrea, de los que deben ser entendidos como un problema que requiere ayuda?

«Un temor lógico sería algo que inquieta, preocupa pero que no provoca padecimiento psíquico y la persona no deja de ocuparse y resolverlo.  El problema que requiere ayuda o demanda sería aquel que es constante que se extiende en el tiempo y sobre todo que provoca un sufrimiento y padecimiento. Ese es el momento de requerir ayuda cuando acontece el padecer psíquico».

¿Cómo sobrellevar la soledad en este confinamiento cuando no queda otra opción  que enfrentarla?

«En este caso, la soledad provoca el enfrentarse consigo mismo, a repensarse en muchas cuestiones. Una forma de sobrellevarla es aceptarla  y entenderla como una elección para cuidarse y cuidar al otro. No perder el vínculo afectivo, no aislarse afectivamente. Armarse rutinas para poder construir una cierta cotidianeidad y apropiarse del espacio en el que están. Además estructurar lo que se ha desestructurado, llenar los espacios con situaciones que le hagan bien y también pensar metas a corto plazo».

 ¿Cuáles son las vías de contacto a las que deben recurrir quienes requieran ayuda?

«Tenemos una información que circula en los medios con teléfonos según cada CAPS  y Hospital para favorecer la accesibilidad y además evitar la circulación en las salas y Hospital. Ellos se contactan vía telefónica, se le piden los datos y una profesional del área se comunica para acordar el encuentro».

Las afecciones más frecuentes

Al consultar a Verónica Cerono cuáles son las afecciones más frecuentes detalló que las mismas son:

- Las asociadas a la ansiedad, angustia y situaciones de pánico, debido al aislamiento pueden provocar y/o aumentar en algunos casos por saturación de la ansiedad y además porque la incertidumbre es generadora de angustia. Se está observando una cronificación de la ansiedad.

- Depresiones reactivas leves vinculadas con la vivencia de pérdida, porque el aislamiento podría  conectar con lo perdido, y es como un duelo transitorio. Muchas veces pérdidas reales e imaginarias.

- Patologías previas que se puedan complejizar y entrar en riesgo. En esta situación es importante ocuparse y tratar de tener un  control y seguimiento más cercano.

- Un aumento de consumo de medicación.

- Problemas vinculares y familiares previos se complejizaron.

- Los problemas previos como alcohol, drogas, violencia. En estos casos también entra en juego la singularidad y la capacidad de adaptarse es particular y va a producir diferentes circunstancias.

- Trastorno del sueño,  por las situaciones de ansiedad y angustia provoca estados de alerta en la mente y dificulta el descanso.

- Además, ya se empiezan a observar situaciones adaptativas de estrés reactivo a la pandemia y se puede prever un posible aumento de riesgo de Bournot en el personal sanitario.