Hasta siempre, Guille

Hasta siempre, Guille

La temprana muerte de Guillermo Cerono, inexplicable, inesperada, dolorosa, generaba la realización de un artículo desde el enfoque deportivo por su estrecho vínculo con el automovilismo.

Pero no podía ceñirme a una mera nota periodística, no podía abordar este tremendo momento sin alejarme de la subjetividad y transmitir mis sentimientos ante este tremendo golpe que el destino le da a su círculo íntimo, esposa, hijas, familiares, amigos y a todos los que tuvimos oportunidad de relacionarnos con él y conocer así a una maravillosa persona, en el aspecto por el que se lo mire.

Jamás pensé «Guille» que iba a estar sentado frente al teclado escribiendo sobre tu partida. Y no es fácil hilvanar un relato cuando el corazón está en la mano y la lágrima sobre las teclas.

Recuerdo ese pibe que conocí hace ya muchos años, que vislumbraba su apego por el automovilismo y que lo llevó a incursionar también en la fase periodística. Cuando la pasión es tan grande y las ansias de superación ganan terreno, no hay nada que pueda detener el avance de un proyecto.

Y así fue. No fueron necesarios cursos, libros, facultades. Por tu sangre corría ese fuego intenso de los que van por más. Te tiraron con el micrófono y sin temer lo tomaste, porque hablar de automovilismo era lo tuyo y no ibas a dejar pasar la oportunidad que te brindaban. Y bien que lo desarrollaste, como el más avezado de los profesionales.

Pero no sólo compartimos radio, sino que también te animaste a la prensa escrita. No dudaste en sumarte a un proyecto que, por supuesto, hablaba de automovilismo. Allí nacería esa palabra que solamente nosotros compartíamos, como una pícara clave: «Igar». Una foto perdida, una bronca mayúscula, una justificación imposible de encontrar y la frase que quedó como un recuerdo imborrable de esas largas jornadas compartidas. Si por la espalda te decían «Igar», sin darte vuelta sabías que era yo. Si yo lo escuchaba, sabía que eras vos. Nadie más.

La vida nos llevó por caminos diferentes, pero nunca nuestra amistad se cortó. Cada vez que nos encontrábamos recordábamos anécdotas de aquel paso por el periodismo, y siempre me decías que yo era el mejor. Una exageración, pero un halago escucharlo de quien sabía que lo decía desde lo profundo de su sentimiento.

Seguiste firme junto a tu querido automovilismo, siempre con tu aporte generoso, apoyando proyectos y en este último tiempo a pleno en la exitosa trayectoria de Gustavo Diorio.

La noticia del quebrantamiento de tu salud me tomó por sorpresa. Día a día con angustia pero también con esperanza esperaba las novedades sobre tu evolución.

Finalmente te fuiste. Queda un vacío. Dolor, bronca, impotencia. Seguramente necesitaban un buen tipo, que brindara tiempo y esfuerzo en pos de otorgar ayuda a alguien. Allí habrá algún box donde estará presente tu sonrisa y tus ganas de hacer, tus ganas de colaborar.

Toda la fuerza para que su familia puede sobrellevar este duro trance, convencido de que descansará en paz porque dio todo lo que pudo por los suyos y sus afectos.

Se te va a extrañar «Guille». Me queda el recuerdo de tantos momentos que disfrutamos juntos, unidos por el automovilismo. Hasta siempre «Igar»…..

MARCELO URRA