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Lunes 18 de Marzo de 2019

14 02 2019 | Actualidad |

Un sector próximo al Cerro pasó de ser el paraíso al infierno, sin escalas

Los vecinos claman por que se ponga freno a innumerables desbordes nocturnos que, noche tras noche, hacen que sea imposible tolerar.

La zona de la polémica

Durante décadas, vivir cerca del cerro «El Triunfo», especialmente sobre avenida Suipacha era el sueño dorado de muchos.

Se lo consideraba como estar en un lugar paradisíaco, respirando aire puro, disfrutando de un paisaje incomparable y una paz increíble.

Los terrenos se cotizaron cada vez más y la puja por tener una casa en esa zona fue increíble. Hubo hasta cierta sana envidia a los privilegiados que lograron tener acceso a vivir en ese sector de la ciudad.

Eran otros tiempos. De pronto el Cerro, y de manera especial el sector que da a la avenida Suipacha, desde Cereijo hasta 29, se fue convirtiendo en lugar de reuniones nocturnas de jóvenes y adolescentes y lo que era un espacio "soñado" se fue desdibujando hasta llegar a convertirse en casi un infierno.

Así lo aseguran la inmensa mayoría de los vecinos de varias cuadras de dicha zona que, aseguran, ya es imposible vivir, o al menos dormir.

Por temor a represalias prefieren no dar sus nombres, pero sí se animaron a narrar las vicisitudes que noche tras noche deben padecer.

DESBORDES

El sitio mencionado fue sumando adeptos y a lo que en principio era el ámbito de reunión para compartir charlas de los fines de semana fue mutando y extendiéndose a otros días. Hoy es de lunes a lunes y durante toda la noche. Y esta muy lejos de aquellas reuniones. El sector es literalmente "tierra de nadie", o mejor dicho "tierra invadida".

Los excesos desplazaron a las charlas, los autos y las motos ganaron espacio y la música llega ahora a alcanzar decibeles intolerables.

"Llegan autos con parlantes que hacen vibrar los vidrios de los ventanales de todo el barrio. Y están horas martirizando a todo el mundo" fue el comentario que - palabras más , palabras menos El Diario pudo recoger en diálogo con los vecinos.

No faltan los partidos de fútbol nocturno (y de madrugada), el alcohol que exacerba a muchos y, como si todo eso fuera poco, ahora se ha sumado el adoptar un extenso tramo de la avenida Suipacha como lugar propicio para las "picadas" de autos y motos.

Todo este combo demoníaco que generalmente se extiende durante toda la noche y hasts ya entrado el siguiente amanecer, ha alterado totalmente la vida de los vecinos que, afirman, "ya es imposible vivir". "Acá no duerme nadie. No tienen el más mínimo respeto. Hay personas de edad avanzada, gente con problemas de salud y muchos otros que sin inconvenientes de edad o salud, no pueden pegar un ojo noche tras noche y deben encarar el día como", comentaron precisando que hay quienes han intentado pedirles que hagan silencio y han recibido como respuesta innumerables agravios.

Hay incluso, según dichos de vecinos, familias que de noche se van a dormir a casas de familiares escapando de sus propios domicilios en procura de descansar.

"Es increíble que tengamos que dejar nuestras viviendas por un grupo de inadaptados a quienes nadie parece ser capaz de controlar o poner límites" disparó otro habitante del barrio más que indignado, asegurando que ya han advertido de lo que sucede a las fuerzas de seguridad y a las autoridades municipales pero nada ha cambiado.

"Los derechos de uno terminan donde terminan los del otro" reza una conocida pero no siempre respetada frase. Los vecinos aceptan que el cerro es un espacio propicio para las reuniones, especialmente de jóvenes, disfrutan incluso de ver como durante las tardes de buen clima (especialmente sábados y domingos) el parque municipal se vea colmado de adolescentes y familias que se recrean aprovechando ese ámbito, pero claman por que de algún modo se ponga freno a los desbordes nocturnos.

Dicen que como respuesta han recibido la palabra de alguna autoridad "responsable" que "se está buscando un lugar más alejado como para que sea el centro de reunión nocturna de los adolescentes". Por el momento nada ha cambiado.

La mayor esperanza de los vecinos está centrada en que con el comienzo del ciclo lectivo, la situación cambie y al menos durante los días hábiles renazca la calma, mientras tanto ruegan que llueva, ya que al menos en las noches de lluvia no hay reuniones y eso trae un alivio, transitorio, pero alivio al fin.