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Lunes 25 de Junio de 2018

Desde hace años se viene escuchando que Balcarce cuenta con un enorme potencial turístico, lo que no deja de ser verdad.

La frase, palabra más, palabra menos, se viene reiterando en todas y cada una de las gestiones municipales, sosteniendo la promesa de trabajar para ubicar a la ciudad en el lugar que merece estar turísticamente hablando, con ofertas superadoras y apuntando a que deje de ser un lugar de paso para convertirse en un destino, elegido éste por todos los atractivos que tanto en la ciudad como en todo el distrito se pueden poner a disposición de los visitantes.

Incluso, merece ser destacado, desde el área de Turismo se trabaja denodadamente en procura de alcanzar ese posicionamiento anhelado y se ha logrado insertar a Balcarce dentro de un circuito de los más importantes de la Provincia, e incluyéndolo dentro de las ofertas en mercados nacionales e internacionales.

No olvidemos que incluso hay en marcha un hotel que, gracias a la figura de Fangio sería el punto cúlmine del lanzamiento a nivel internacional.

Pero lo que ponemos por delante de los visitantes es no solo lamentable, sino que hasta podría ser una invitación a no volver.

¿Exagerado?. Quizás pueda serlo para algunos, pero recorrer, o intentar recorrer nuestros principales atractivos es hoy todo un desafío que si en el mejor de los casos pretendiéramos tomar con una dosis de humor podría considerarse como una interesante propuesta de «turismo aventura» a disposición de todos aquellos que se animen a hacerle frente.

La lista de lugares que se pueden incluir es más que extensa, pero vamos a enfocarnos en los más relevantes.

UN TRISTE PASEO

Comenzamos por el cerro «El Triunfo». Gran parte de sus calles son imposibles de transitar, con enormes piedras asomando varios centímetros por sobre la tierra, grandes raíces que cortan el paso y grietas abiertas por el correr del agua que dificultan en grado extremo el tránsito.

Sumamos a esto el daño ocasionado por aquellos que atentan contra todo lo que puedan llegar a considerar «apropiado» para dejar su sello de inadaptados, como roturas, pintadas, etc. en parrillas, monumentos, juegos y demás.

Saliendo del Cerro se pude transitar cómodamente por la impecable avenida Dorrego hasta llegar al Camino del Mirador, donde espera otra verdadera trampa.

Una calle abandonada, con sectores de alto riesgo para automovilistas y transeúntes, sin resguardo alguno para impedir situaciones como la que ocurriera hace pocos días cuando un automóvil estuvo a punto de desbarrancarse.

Enormes piedras salientes y grandes pozos hacen de la calle una suerte de centro de prueba para los conductores, lejos, muy lejos, de un sector para disfrutar del paisaje y poder distenderse.

Ahí también se suma la «colaboración» de aquellos que han logrado dañar bancos de cemento, estropear cartelería y hacer desaparecer como por arte de magia las cadenas que en algunos sectores indicaban que uno se acercaba a un sector riesgoso.

No hay, obviamente, un cesto para residuos, una canilla u otros elementos indispensables de un espacio turístico. Ni hablar de baños o un kiosco.

Si la idea es descender e ir hacia el autódromo, se debe descartar el hacerlo por calle 55 hasta Suipacha, ya que cientos de cráteres aguardan con sus bocas abiertas a los desprevenidos conductores, mostrando a las claras que ese no es el camino ideal para llegar al circuito.

Hablar del estado de uno de nuestros mayores emblemas turísticos como es el autódromo Juan Manuel Fangio genera vergüenza. Ya el tramo de acceso muestra un deterioro lamentable que se potencia en las ruinas (literal) del sector de boxes, con un busto evocando a nuestro máximo ídolo deportivo en medio de un escenario desolador.

La acción depredadora de aquellos empeñados en sumar destrozos a su lista de hechos cargados de malicia está en este lugar potenciada al máximo.

La falta de cuidado hace su aporte y los pastos asoman entre las grietas de la calle interna mientras casi de manera impúdica se dejan ver las pocas estructuras desnudas que quedan como vestigios de un lugar que supo enorgullecernos.

Volver al centro de la ciudad tiene también sus riesgos, conviene ser cuidadosos para no atravesar las muchas calles que están trayendo reminiscencias del pasado al dejar a la vista el empedrado histórico que aún se conserva varios centímetros por debajo de un asfalto que de a poco va emprendiendo lastimosamente su retirada dejando «heridas» peligrosas.

Otro punto «oscuro» (nunca más oportuna la palabra que en este caso) es la plaza Libertad y su entorno. Las luminarias parecen jugar a las escondidas, ya que hay un número importante de ellas que no encienden y transforman a determinados sectores de los cuadrantes en verdaderas bocas de lobo, que si bien pueden ser ideales para parejas de novios, se convierten en lugares propicios para resguardo de malvivientes y para nada atractivos para los que deben atravesarlos durante la noche.

En derredor de la plaza se colocaron años atrás luminarias que embellecieron los frentes de edificios históricos como la Parroquia San José, la EP Nº 1 y la ex escuela Normal (hoy EES Nº 1). Hoy esas luces que por un tiempo cambiaron para bien la cara de parte del centro, ya no existen.

EL IMAN LO TENEMOS, APROVECHÉMOSLO

La lista podría extenderse mucho más. Seguramente cada lector estará sumando algún dato que bien podría agregarse, pero nos detenemos acá.

Como contrapartida se puede decir que se han realizado mejoras en el Centro Comercial a Cielo Abierto, se han remodelado plazas y es verdad, pero quizás sea el momento de pensar DE VERDAD en el Balcarce turístico que tanto se pregona.

Atraer a los visitantes no es difícil, el nombre de Juan Manuel Fangio es sin dudas el mejor imán que podemos tener, pero debemos poner por delante de ellos ofertas tentadoras.

Se habla mucho de la importancia del esfuerzo mancomunado del sector público y el privado. En este caso los privados han hecho su aporte, se han sumado emprendimientos, especialmente en el sector rural para brindar comodidades a todos los visitantes, se organizan eventos deportivos que atraen mucha gente (atletismo y ciclismo en diferentes disciplinas) y de pronto desde lo público ponemos delante de ellos un escenario que dista mucho de ser al menos atractivo.

Y si dejamos de lado al turismo, bien vale para quienes vivimos y amamos nuestra ciudad poder DISFRUTAR de ella y no llevarnos por delante una imagen de decadencia como la que en muchos aspectos tenemos frente a nosotros.

Hace ya varios años José Feliciano cantaba «Que será», una canción escrita por los italianos Jimmy Fontana y Franco Migliacci que en su primera estrofa dice «Pueblo mío que estás en la colina tendido como un viejo que se muere. La pena, el abandono, son tu triste compañía». Hoy, en algunos aspectos como los mencionados, casi se podría pensar que está hablando de lo que tenemos delante nuestro.

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