Oscar Gutiérrez, artesano de miniaturas

Oscar Gutiérrez,  artesano de miniaturas

Como si fueran de verdad. Esa frase bien puede definir la sensación que a primera vista a uno lo invade cuando ingresa al galpón que en la parte trasera de su vivienda posee Oscar Alberto Gutiérrez y se encuentra con una maqueta en la cual, construidos a escala, aparece un taller del ferrocarril con las herramientas que se utilizaban hace un siglo atrás para reparar y reacondicionar los trenes de la época.

Esta verdadera obra de arte le demandó a su creador unos nueve meses de trabajo. Paciencia, precisión, habilidad, ingenio, constancia y dedicación son algunos de los atributos que este memorioso artesano, quien encontró en esta labor un «hobby» al cual se dedica cuando el trabajo le permite una pausa, aplica en cada una de sus creaciones.

Esta práctica, que lo acercó a la serenidad y disfrute, requiere de un trabajo previo consistente en reunir los materiales que luego cobrarán vida en la idea que recorre la mente de Oscar.

Observador y detallista. Esto se ve reflejado en su flamante, obra digna de admiración. Asegura en la charla que mantuvo con El Diario que al no ser «amigo» de la tecnología, los cálculos y mediciones para construir a escala le lleva más tiempo del deseado. Pero no reniega de ello. Al contrario, lo asume como un desafío más.

Y son precisamente estos desafíos los que lo impulsan a seguir adelante con lo que se propuso, sin bajar la guardia a pesar de la adversidad si es que se presenta.

UN ESPACIO PARA LA CREACIÓN

Es en el galpón donde, rodeado de un puñado de herramientas de mano, junto a una impecable camioneta Chevrolet ’29 que encontró abandonada y la recuperó a nuevo, Gutiérrez da rienda suelta a sus creaciones, las cuales van tomando forma lentamente.

La escena replicada se remonta a las décadas del veinte y del treinta del siglo pasado. El haberse criado en el campo, donde además realiza actualmente su trabajo -se dedica a los movimientos de suelos- lo llevó a tener una mirada particular sobre los elementos de antaño. Así fue como con el paso del tiempo fue reuniendo piezas consideradas valiosas por él para utilizarlas en su obra de arte.

«Busqué hacer una replica de lo que era el taller del ferrocarril de los primeros años del siglo XX. De esa manera fui dándole forma a cada una de las herramientas que utilizaban los mecánicos ferroviarios para mantener y reparar los trenes y vagones de carga y pasajeros», le contó a El Diario.

El rojo es el color predominante en la estructura del galpón en miniatura que conserva cada una de las herramientas y otros elementos de aquella época. Así es como aparecen, construidos en bronce y hierro, réplicas de engrasadoras, criques alemanes, agujereadora, llaves de mano, una balanza para encomiendas, una fragua, una vigornia, el tanque para suministrar agua a la locomotora a vapor y clavos para asegurar los rieles, entre muchos otros elementos.

Pero también hay otros detalles de esta obra que su autor no quiso dejar pasar por alto como los hombres en miniatura con palas y carretillas trasladando carbón y el nido de hornero en lo alto de un árbol.

Toda esta escena se completa con una réplica a la perfección, construida con un caño de metal, de una locomotora a vapor colocada sobre los rieles, frente al galpón. Y el infaltable cartel con fondo negro y letras blancas que dice «Balcarce».

Una soldadora eléctrica, una agujereadora y una amoladora fueron las herramientas esenciales que utilizó Gutiérrez para concretar esta verdadera obra de arte, digna de ser observada en detalle por su calidad en la construcción y precisión.

«Me gusta hacer este tipo de cosas en los momentos libres. Siempre trabajo de noche. Es cuando mejor me siento y más me inspiro. Muchos de los materiales y piezas que utilicé para construir este taller de reparaciones del ferrocarril los encontré abandonados en el campo», expresó.

FUTURAS CREACIONES

Feliz por lograr su objetivo y de poder compartir con este medio gráfico su creación, Gutiérrez afirmó que tiene otras ideas en mente para desarrollar a partir de su poder de observación y, sobre todo, habilidad para construir artesanalmente cada pieza y remontarse así al pasado.

Asimismo, quien quiera disfrutar detenidamente de esa creación puede acercarse hasta el domicilio de este artesano, en avenida Caseros entre 7 y 9, a metros del viejo edificio de la estación del ferrocarril, hoy refaccionado y recuperado, que quizás fue una de sus fuentes de inspiración.