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Lunes 18 de Febrero de 2019

08 02 2019 | Deportes | La desarrolla Carlos Latorre, con algunos colaboradores

Cada verano, enseñanza de fútbol para chicos en la plaza «Güemes»

Desde 2016, cuando alguien pasa ya avanzada la tarde veraniega en la plaza «Güemes», puede observar un par de días a la semana a un grupo de chicos con gran cantidad de pelotas, con las que esquivan conos y realizan ejercicios para aprender la técnica del fútbol. Claro está, no falta el tradicional «partido» al final de la clase, que se extiende por un buen rato y deja a todos cansados pero contentos.

La actividad es totalmente gratuita, participan chicos del barrio y también otros que llegan de lugares más distantes de la ciudad, todos atraídos por el magnetismo de la pelota y por la sabiduría de quien se encuentra a cargo: Carlos Latorre, conocido como «Carlitos» desde sus épocas de destacado jugador en Deportivo Mitre o Ferroviarios, pero también de su labor como fundador de la escuelita de fútbol de Sportivo Trabajo, en la cual permaneció casi dos décadas.

«Este es el cuarto verano. Estaba caminando un día por acá y vino un chico y me preguntó si yo le daba fútbol a los chicos de Sportivo. Le dije le daba, porque yo ya me había ido.  Y así comenzamos, con 6 chicos. Le comenté a Gustavo López de Armentia y enseguida se sumó, este año lo hizo Néstor Mastropietro y entre los tres lo estamos haciendo. Gracias a Dios es el cuarto verano y ya están viniendo cerca de 50 chicos, el año pasado terminamos con 54», comentó en la introducción de la charla con El Diario, minutos antes del comienzo de una de las clases semanales.

EN ENERO Y FEBRERO

Los concurrentes mayores son de la categoría 2004 y el más chico es 2015. Cuando llegan, son divididos en tres grupos, de acuerdo a las edades, encargándose cada orientador de determinada franja etaria.

«Nosotros lo hacemos durante enero y febrero, los martes y jueves a partir de las 18 y más o menos durante una hora y cuarto o una hora y media. Apuntamos a los chicos del barrio pero es abierto a todos, el que quiere venir es aceptado y acá enseguida lo van a recibir e integrar», comentó el popular entrenador.

Se mostró conforme también con la colaboración recibida con el paso de los años, merced a la cual han obtenido numerosos accesorios sumamente útiles para la enseñanza de esta disciplina. «Hemos conseguido chalecos, pelotas, conitos. Aprovecho para agradecerle a (Juan) Cagni que nos donó pelotas y conos, Fernando Galíndez nos donó conitos, Cristian Llamas una pelota, Pedro Echeverría también unas pelotas. Y así fuimos consiguiendo elementos a través de gente que nos ha ayudado», añadió.

FORMA DE ENTRENAMIENTO

Con relación a la forma de trabajo, la misma se basa completamente en tareas que involucran a la pelota, el elemento con el cual cualquier jugador se siente a gusto, pero mayormente los más pequeños.

En ese aspecto citó que «le damos una pelota a cada uno porque gracias a Dios tenemos 27. No todos los días viene la misma cantidad, generalmente trabajamos con grupos de 30 ó 35 chicos. Por eso hay una pelota para cada uno o en algunos casos una pelota cada dos. Pero es como si estuvieran en la escuelita, lo hacemos con la misma seriedad. Primero hacemos ejercicios con pelota y después partido. Nos remitimos a las fuentes, cuando nosotros éramos chicos nos auto convocábamos en un potrero o donde sea. Acá está un poco más organizado en el sentido que tienen un horario que respetar, una pelota para cada uno y alguien que los orienta. Pero esto también es la posibilidad de disfrutar de un espacio público, en este caso la plaza».

Ello ayuda también indirectamente a los padres, que llevan a sus hijos y en varios casos los apartan momentáneamente de los teléfonos celulares, Play Station u otras alternativas para pasar el tiempo, que los alejan de la actividad física y los beneficios que la práctica de la misma conlleva.

Sobre este punto en particular Latorre dijo que «he leído mucho con el tema de la escuelita de fútbol, tengo un libro que se llama ‘Bajo presión’ de Carl Honoré, que es muy recomendable y habla sobre la presión que se le mete a los chicos en todos los ámbitos. Y que la tecnología los absorbe en demasía. De hecho hay situaciones de familias que tienen una casa de dos plantas y la madre le manda un mensaje al hijo para que baje a almorzar o a cenar. Pero esa tecnología va un poco en contra de los chicos, porque ellos encuentran todo hecho, todo armado y una vez que le agarró la mano al juego se aburrió, ya está. La tecnología está muy bien, pero en la medida justa».

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