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Martes 17 de Julio de 2018

EL DIARIO | 16 12 2017 | Actualidad |

Balcarce «ciudad accesible»: cuando las palabras no se condicen con la realidad

Escaleras del Consejo Escolar un escollo, para muchos, imposible de sortear

Hace muy pocos días, desde distintas áreas de municipales encabezadas por la Dirección de Familia y Discapacidad se llevaron adelante diversas acciones en el marco de la «Semana de la Discapacidad».

Charlas y actividades apuntaron al abordaje de la temática de la discapacidad desde distintas aristas. Incluso se acondicionó la plaza de los juegos integradores, donde se descubrió una placa en memoria de Mirta Graciela Monroi, recordada vecina que bregó durante años por las condiciones laborales y de vida de las personas discapacitadas.

La última actividad relacionada con el tema fue la charla brindada la semana pasada por la arquitecta Nora Demarchi en el Palacio Municipal sobre «El derecho a la recreación y al turismo. Accesibilidad física y comunicacional como parámetro de calidad».

Funcionarios, representantes de la Cámara de Comercio e Industria, prestadores turísticos y profesionales de obras públicas y particulares, participaron del encuentro en el que se remarcó que «el abordaje y tratamiento de la temática es la accesibilidad al medio físico, requiriendo de la participación de todos los actores sociales involucrados, que no son solo los técnicos o profesionales hacedores de espacios urbanos, edificios y servicios, sino también funcionarios, usuarios y en particular las propias personas con discapacidad».

Es meritorio todo el tratamiento que se le da a una problemática que corresponde ser tenida en cuenta y atendida permanentemente, pero la realidad a la que debemos enfrentarnos a diario nos muestra que en este, como en muchos otros casos, se habla mucho más de lo que se hace.

ESPACIOS INACCESIBLES

Y no es esto habar de más, las pruebas están a la vista de todos (al menos de los que las quieran ver). La ciudad, en muchos casos no admite a quien se aparte de la noción de «normalidad», especialmente en edificios públicos.

Y comenzamos por el Palacio Municipal.

El sector nuevo del edificio cuenta con una rampa para discapacitados. El problema es que al llegar a la puerta de acceso un cartel indica que no abre de afuera y que para ingresar hay que hacerlo por la esquina, donde las emblemáticas escaleras hacen imposible hacerlo para quienes tiene dificultades motrices.

Si volvemos a la puerta del sector nuevo, hay que rogar que alguien desde adentro advierta la situación y se digne a abrir para poder entrar.

Una vez en el interior del edificio, aparece un nuevo escollo. El ascensor no funciona. Y no es algo momentáneo. Hace meses que está inactivo. Las personas con dificultades motrices, los ancianos y todos los que se vean imposibilitados de subir por escaleras quedan varados en la planta baja, dependiendo, una vez más, de la ayuda de terceros (empleados municipales o personas solidarias que hagan por ellos los trámites).

En caso de que se deba acudir al Centro Cívico, sólo la plata baja es «accesible», hay una rampa que facilita el ingreso pero varias dependencias funcionan en el primer piso.

Ascensor, obviamente no hay.

No todas las tintas caen sobre el Municipio. Hay otras dependencias que son prohibitivas para las personas discapacitadas.

Uno de los casos más emblemáticos es el del Consejo Escolar y la Secretaría de Inspección, que están en el piso superior de la EP Nº 1. Hay que superar unas escaleras que ponen a prueba el estado físico de los mejor entrenados para llegar arriba.

Muchos no pueden, otros ni siquiera lo intentan.

Un timbre posibilita llamar a los empleados para que bajen a atender en la vereda a los imposibilitados.

Alo similar ocurre con el Instituto Superior de Formación Docente y Técnica, en la planta alta del viejo edificio de calle 17 entre Av. Kelly y 18. También una interminable escalera pone freno a muchos.

Si de establecimientos educativos se trata, el edificio de la EES Nº 3 es otro de los que no es para nada amigable con quienes padecen dificultades motrices.

MEA CULPA

Los espacios problemáticos son muchos, podríamos seguir aportando datos para extender la lista, pero como muestra bastan estos «botones».

Claro está que también debemos hacernos cargo de lo que desde la comunidad se genera para impedir la libre y cómoda circulación de, especialmente, quienes se desplazan en sillas de rueda, personas que llevan un cochecito de bebé, etc.

La vía pública ofrece miles de barreras. Veredas destruidas, bicicleteros que imposibilitan el paso, motos estacionadas cómodamente en medio de las aceras, construcciones en las que se valla totalmente la vereda obligando a circular por la calle, bares, comercios y agencias de autos que de pronto se adueñan de un espacio mayor de lo permitido hacen una extensa sumatoria de escollos que bien podrían ser evitados de mediar controles y sentido común.

Del mismo modo, corresponde sumar la permanente desaprensión de automovilistas que no tiene en cuenta la obligatoriedad de no estacionar obstruyendo rampas.

Paradójicamente, en muchos casos, termina siendo más seguro movilizarse por la calle, compartiendo la calzada con autos, motos, camiones y colectivos.

La lista de «inaccesibilidades» será casi interminable. Lo concreto es que mientras se habla y mucho, de ofrecer una ciudad amigable para adultos mayores, personas con discapacidades y/o dificultades motrices, quizás se debiera poner no solo la mirada sino también manos a la obra para dar solución a los innumerables problemas a los que nos enfrentamos a diario.

Y claro está, correspondería también que los titulares de comercios y oficinas particulares, aunque no tengan la obligación de hacerlo, vayan, en la medida de lo posible adoptando las medidas necesarias para sumarse a la oferta de espacios accesibles.